miércoles, 8 febrero 2023

El agua de Fukushima

Mientras en Honduras estamos encandilados con la elección de la Corte Suprema de Justicia y otros asuntos domésticos que ameritan solución, se envía a las cumbres climáticas, emisarios sin experiencia a solo firmar documentos y pedir fondos para el auxilio por los embates naturales del cambio climático (antes llamado “calentamiento global”). Debemos recordar que en marzo de 2011, en Japón, tras varios terremotos y un tsunami, se produce fusión del núcleo en tres centrales atómicas y explosiones de hidrógeno en cuatro de ellas. Para muchas personas, esa posibilidad era inimaginable. Tras el accidente, fue liberado Cesio 137 en cantidad 500 veces superior al de la bomba de Hiroshima. Son datos inmensos que no nos los enseñan en las aulas de clases, lamentablemente, por eso la población vive más pendiente de las telenovelas y nuestro incipiente fútbol.

Pues sí, según datos recogidos por DW en su página web nos relata que “el operador de la central nuclear accidentada de Fukushima Daiichi (noreste de Japón) anunció que el agua contaminada y almacenada en dicha planta, será vertida al océano mediante un túnel submarino. De esta manera, se aclara la forma en que Japón planea depositar más de un millón de toneladas de agua contaminada con residuos radiactivos, acumulados desde que ocurrió el terremoto y posterior tsunami de 2011. El agua será bombeada a través de una tubería submarina de 2.5 m de diámetro, que penetrará casi un km en el océano, según detalló Tepco, empresa operadora de la planta, añadiendo que la construcción de este “túnel” comenzará en marzo próximo. Al utilizar este mecanismo, se evitará que el agua vertida regrese hacia la costa, afirmó Akira Ono, director de la filial de Tepco encargada del desmantelamiento de la planta.

El Gobierno nipón decidió en abril pasado verter al mar a partir de 2023 estas aguas resultantes de lluvias, origen subterráneo o la inyectada para enfriar los núcleos de los reactores nucleares que se fusionaron tras el gigantesco tsunami registrado el 11 de marzo de 2011. Con esta determinación, Japón puso punto final a siete años de debates sobre cómo deshacerse de estas 1.27 millones de toneladas de agua contaminada, almacenada en más de un millar de cisternas en la planta siniestrada, prometiendo que previamente será reciclada, y que se tomarán las medidas adecuadas para evitar que esto afecte al prestigio de la región.

El agua que se prevé verter en esta operación ya ha sido filtrada varias veces para que quede libre de la mayor parte de sustancias radioactivas (radionucleidos), pero no así del tritio (isótopo del hidrógeno que es radiactivo), que no es posible eliminar con las técnicas disponibles actualmente. Esta solución ha sido muy cuestionada tanto por los pescadores como agricultores de Fukushima, quienes temen que esto afecte aún más la imagen de sus productos entre los consumidores.

En un comunicado de prensa, Tepco aseguró que está dispuesta a pagar indemnizaciones por eventuales efectos provocados por el bombeo del agua hacia el océano. El operador también destacó que está abierto a que haya inspecciones por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que en abril se mostró satisfecho ante la decisión del Gobierno japonés de verter el agua al mar. A comienzos de 2020, expertos consultados por el Gobierno también recomendaron esta solución, una práctica que ya existe en Japón y en el extranjero para instalaciones nucleares en actividad”.

Mientras resolvemos nuestras diferencias, una nueva amenaza poco difundida se cierne de nuevo sobre la humanidad.

 

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