sábado, 28 enero 2023

Alianza Lula da Silva-Castro Sarmiento

La oposición de este país, el bipartidismo centenario y dañino, dormido en sus costumbres inveteradas de corrupción, chanchullos y demagogia, y en esa alternancia promiscua en el Ejecutivo, no tiene ni idea del poder enorme que ha caído en las manos de la Presidenta con el gane de Inazio Lula da Silva. Es tan grande que los ojitos minúsculos de aquellos, que solo están atentos a los mendrugos que les arrojan las votaciones en el Congreso, las licitaciones y los bonos navideños, no logran ver la dimensión de la amistad.

El único presidente de izquierda verdaderamente exitoso en la historia de Latinoamérica ha vuelto al poder, y fue exitoso porque siguió los dictámenes de los que sí saben de economía y desarrollo; porque no se dejó llevar por la diarrea verbal de Hugo Chávez; porque que siguió las directrices del capitalismo e hizo de Brasil una de las BRICS.

Sabemos que la gente ya sabe que el comunismo fue un fracaso. Nadie sale huyendo de Honduras en balsas hacia Cuba. Nadie, ni los de los medios tarifados de Mel Zelaya. Ellos van en avión a los EUA…o a Brasil después de lloriquear por un pasaje.

Sea como sea, y dejando a un lado mis disquisiciones, lo cierto es que, al ver a nuestra Presidenta saludar al tricampeón brasileño, es decir, tres veces coronado, me embargó la epifanía de que allí están las soluciones a los problemas de nuestro país.

Ya lo había aconsejado en dos artículos sobre el tema, y lo ratifico: ¡Señora Presidenta, emule al presidente brasileño y su administración será un éxito! Ahora seré más enfático: abrácese a él y a su historia de éxito, y no me refiero a la reelección, sino a la capacidad que tuvo de sacar a un país del caos, volverlo económicamente exitoso, sobre todo haber sacado de la pobreza a millones de sus compatriotas, e incluso conseguir un Mundial y unos JJ.OO., para su nación.

Antes de continuar, sobre todo con respecto a mi último artículo, en cuanto a que Libre en este año pasado fue una total decepción, no quiero retractarme, al contrario, es tan evidente que no tienen brújula que hay que señalarles el camino.

Yo nunca votaré por Libre, pero siempre seré hondureño y, por lo tanto, me es imperativo enfatizar en eso que puede ser molesto: ¡hagan lo que tienen que hacer! Todo lo que sea conforme al mandato de la población que quería sacar al Partido Nacional, pero ¡háganlo!

Ahora es cuando tienen la inmensa oportunidad, no solo de callar todas las críticas desesperanzadas de gente ilusionada por un cambio, y empezar el verdadero rumbo, dejando a un lado ese sonsonete sin sentido de “refundación” (que ni siquiera ellos mismos saben de qué se trata), y encaminar a Honduras por el sendero del desarrollo.

Brasil es una enorme potencia económica no solo a nivel regional, sino mundial, y el presidente recién reelecto es el claro ejemplo de lo que un verdadero estadista debe hacer.

En sus dos gobiernos que abarcaron del 2003 al 2010 no siguió la fracasada receta cubana, ni mucho menos la locura chavista: fue un capitalista con conciencia social. ¿Parece ridículo? ¡No señores! Es lo que en otros términos más técnicos han hecho los países del primer mundo: nórdicos y sudasiáticos.

Este éxito económico que desembocará en sacar de la pobreza a un par de millones de hondureños, parte del hecho de no estar perdiendo el tiempo en politiquería barata, y también en sacudirse de las estructuras remanentes del Partido Nacional.

Parte, en primer lugar, de mandar a José Manuel Zelaya fuera del país, a una delegación diplomática. Ni siquiera está manejando bien su partido, sobre todo porque solo aparece para decir sandeces y, sobre todo, su silencio cómplice avala los desórdenes de las hordas nazis de delincuencias llamados “colectivos”.

En segundo lugar, sacar a Luis Redondo y poner un verdadero político astuto y líder en el Congreso Nacional. Quitar al Fiscal del Estado, Óscar Chinchilla y al presidente del Poder Judicial, Rolando Argueta (aunque para eso falta tiempo) y, finalmente, traer asesores brasileños que sean el conducto entre el, por demás, exitoso Lula Da Silva, y este Gobierno que aún no encuentra la brújula.

Un pacto Lula Da Silva – Castro Sarmiento sería fabuloso para el país.

Carlos Alvarenga
Abogado y MAE

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