Situación complicada y de urgente atención

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ERNESTO ALVARADO REINA

No podemos pasar desapercibido e inesperado, que cuando la naturaleza ejerce todo su poder con fuertes vientos, inundaciones, tempestades y erosiones o hundimientos del suelo que desnudan ciertas áreas o porciones de la tierra, la corriente se inclina con enorme furor y ardiente avidez para causar estragos de gran proporción. La precaución o prevención es un factor que puede de alguna manera evitar mayores males o indisposiciones que se pueden evadir, dentro de la simetría o equilibro apreciado con equidad y entereza.

Tegucigalpa y Comayagüela, que forman el Distrito Central, configuran  la   capital de la República de Honduras, adoleciendo   de una cantidad de fallas geológicas que se han venido denunciado por el pueblo desde hace algunos lustros, pero que las autoridades gubernamentales o edilicias, por razones de orden político electoral, a pesar de tener conocimiento, admitieron la parcelación o lotificación  de una cantidad considerable de viviendas, y de igual manera, la construcción de viviendas o edificaciones en lugares inseguros y no aptos para residencias o centros habitacionales. La complicidad gubernamental de años pasados y la terquedad de ciertos pobladores abren un espacio de cimentaciones o edificios inadecuados, con el afán desmedido de obtener una cantidad significativa de dinero, merced a los humildes ciudadanos que con buena fe y justo título adquiriendo viviendas o casas en zonas no aptas para vivir en condiciones normales. Las irremediables consecuencias saltan a la vista con los hundimientos o fallas geológicas acaecidas en el año dos mil veintidós (2022) en la colonia Guillén, situada al noroeste de la ciudad capital. Hay múltiples emergencias provocadas por la activación de las fallas físicas que mantiene a cientos de familias evacuadas. Es un momento crítico y el sufrimiento de seres humanos que perdieron sus años de trabajo y ahorro para lograr un domicilio digno, mismos que se vinieron abajo por los hundimientos y derrumbes, quedando el lugar como una franja o circulo de una probable guerra. Nos encontramos ante un franco y alto peligro de un inevitable deslizamiento

Igual puede acontecer en la zona de la montaña El Merendón en las aldeas de Cofradía, Naco, Quimistán,   las ciudades de San Pedro Sula, Choloma, y otros sitios conformados por aldeas, caseríos y cascos urbanos de la zona norte del país.

La depredación constante y permanente de los bosques y potencial natural, sin control o vigilancia racional, conducen a resultados irremediables. Se tiene que castigar y tomar las necesarias medidas de prevención. Los culpables de la crisis deben de ser castigados con todo el peso de la ley.

Frente a una situación complicada y de urgente atención, no puede existir limitaciones imaginarias.

Todos los hondureños, tenemos que encauzar esfuerzos ante el aire desconcertante y los estridentes sonidos de inconciencia o irreflexión de ciertas autoridades, con la finalidad de conseguir metas y objetivos de beneficio integral y genuino bienestar colectivo.

Todo sea por la patria, la cultura y la riqueza general de Honduras.

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