Del auxilio y los espantos

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Tan ideal es gobernar a un pueblo que sobrevive sobresaltado, de espanto en espanto, de calamidad en calamidad, durmiendo mal por montar guardia debido a la amenaza de las inundaciones y ahora, como sucede en la capital, con hundimientos enormes, no es para menos que el auxilio debe ser patente de parte de todos los demás que quizá no han sufrido una experiencia tan dura como esa. Aplaudimos realmente la decisión del Congreso de apoyar a nuestros hermanos que hoy sufren con esa realidad. Sabe a dinero bien invertido, que nuestro pueblo se sienta apoyado y acompañado de sus gobernantes, eso es deber y no mérito.

Muy a pesar de los buenos actos y buenas decisiones, no basta con eso ya que es un paliativo, se deberá dar una solución permanente a este problema. La tierra está allí, se deben hacer desarrollos en las afueras de la capital (en ese caso) y construir las tantas veces prometidas en los ríos Ulúa y Chamelecón que, por cierto, nadie ventila esta solución en ningún lado. Es también loable la actitud del señor alcalde de San Pedro Sula al advertir a los pobladores del peligro inminente de las llenas, siendo muy oportuna su intervención además de la dotación de centros de ayuda o albergues para nuestros sufridos compatriotas.

Los gobernantes están allí en nuestra todavía embrionaria democracia, para advertir respuestas ante situaciones previstas e imprevistas. Siempre, a cada día y momento se aprende algo nuevo y para tomar decisiones acertadas ser requiere además de buenos consejeros o asesores (palabra de moda), buen criterio y valentía para sacar a Honduras adelante dadas las actuales circunstancias.

Todo eso lo sabemos todos, pero se queda en mera retórica, o como dicen los entendidos de las esquinas de los barrios, todo queda en pura paja. Un ejemplo de ello es el tema de la reparación de los bordos de contención en la zona de La Lima, no se sabe a ciencia cierta si esto se llevó a cabo de manera eficiente en los dos años después de las tormentas. Ya es hora también de aludir a esos fenómenos echándole la culpa de lo malo y quedándonos todos de brazos cruzados, sumados a la inoperancia de quienes deben tener las respuestas efectivas.

Por otro lado, con el tema de las represas también se hizo una serie de promesas de campaña aun sabiendo que el Valle de Sula genera aproximadamente el 60 por ciento del Producto Interno Bruto, es decir, un poco más del servicio de la deuda y para pagar a los burócratas, o sea, mantener funcionando al mismo Estado, y no se dignan en ejecutar esas obras de mitigación y que además de proteger y generar energía, podrán aportar agua en tiempos de sequía, manteniendo la productividad del valle.

Como pueblo debemos ya ir despertando de ese letargo de los discursos huecos y empezar a exigir, pero en paz, los derechos que han sido negados de manera secular, obteniendo de manera correcta el debido auxilio y ya dejar de estar saltando ante el espanto de las repetidas, trilladas, respuestas ante los fenómenos naturales.

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