¿Cuál refundación?

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Carlos Alvarenga
Abogado y MAE
carlosernestoalvarenga@gmail.com

A ocho meses de estar en el poder, no tenemos ni idea en qué consiste la refundación del país que los personeros de Libre tanto pregonan.

Mijaíl Gorbachov, Lenin, Deng Xiaoping, Pedro el Grande, Mao Zedong, Fidel Castro, Kemal Ataturk, Pinochet, Suharto, Konrad Adenauer, Lee Kuan Yew, y la lista continua. Líderes que sí sabían cómo refundar un país desde sus raíces y se notaba desde un principio.

La refundación significa botar el edificio vetusto, derruido, anquilosado desde sus cimientos y reconstruirlo a partir de sus fundamentos más profundos. ¿Podrían hacer eso los rojinegros?

Lo único que escuchamos es el sonsonete hueco y nada original: que los grupos de poder, que la derecha fascista, que el imperio, el capitalismo, etc., no hay una base de filosofía política en esa tal refundación, ni mucho menos -y he allí lo que nos mantiene desconcertados- un plan programático bien elaborado en el cual consten claramente sus etapas.

Si no hay un plan, ¿cómo supervisar y darle seguimiento a su ejecución? Quizá por eso tampoco lo tienen: para que nadie les esté contando los pasos. Quién sabe.

Como sea, en estos ocho meses lo único sobre lo cual no nos queda duda es que si para algo regresaron es para desahogar el odio, el resentimiento y para ejecutar su venganza, que tampoco sabemos con certeza en qué consistirá.

Escena tras escena desagradable estamos presenciando esta desconcertante obra de teatro mal armada y no sabemos cuál será el desenlace.

En el patético espectáculo acaecido en la pista del Estadio Nacional, nos hemos dado cuenta que tal vez esa refundación sea la degeneración de los valores y principios tan queridos por los hondureños, y en la “partidirización” del Estado, es decir, fusionar el partido político con las instituciones del Estado, con la celebración de sus fechas importantes y crear una nomenclatura y simbología para esos fines. Así como hicieron los nazis.

En cuanto a los valores, todo lo malo es ahora bueno. Tergiversan la corrupción, los pactos de impunidad, la ilegalidad, la manipulación de las instituciones. Todo eso que odiaban tanto, ahora es hermoso, es un poema revolucionario cantado a los mártires de sus luchas.

Por ejemplo: la ilegalidad de una Junta Directiva del Congreso Nacional, es lo más cercano a lo perfecto. La amnistía para liberar a terroristas y ladrones, es ahora la victoria de su causa a favor de las víctimas de la narcodictadura opresora y tirana. Llenar la Junta Nominadora de activistas de Libre, es transparencia y pureza. El nepotismo es plausible, la corrupción es triunfo, la arbitrariedad es graciosa y Mel Zelaya es Francisco Morazán Quezada resucitado.

El respeto y la tolerancia a la diversidad sexual se convirtió en pornografía chocarrera en medio de las fiestas patrias. En medio de estudiantes esforzados y decentes, emergió la chusma.

¿Es eso la refundación? ¿Tergiversarlo todo? Nunca olvidaré esa premonición de Isaías que señala el fin de los tiempos cuando lo bueno sea considerado malo y lo apreciable, despreciable.

En lo que respecta a la “partidirización”, fue bastante claro con la carroza improvisada de funcionarios de Libre que se paseó por la pista del estadio. Utilizar una fiesta nacional para enaltecer al partido del poder es típico de las dictaduras. ¿Qué tenían que andar haciendo allí y mezclarse con las bandas de los estudiantes?

Igual pregunta surge con los colectivos que tantos atropellos han realizado contra instituciones y personas, llegando, como banda de rebeldes sin causa, a tomarse instalaciones, agredir al personal, armar zafarranchos al mejor estilo de las camisas pardas y las camisas negras. ¿Cuál es el mensaje de dejarlos desfilar? Muy claro, muy sencillo: el gobierno avala esas conductas y las enaltece. Es preocupante el mensaje “refundacional”.

¡Cumplan! Eso sería toda una novedad en Honduras. Cumplan con la Constitución, con esa parte programática de la ley máxima que les da los parámetros claros en los que deben enmarcar su accionar, y con base a la cual tienen que establecer sus metas como partido político.

Cumplan en salud, generación de empleos, respeto a los derechos laborales, cuidado y protección de la niñez, la adolescencia y a las mujeres, impulsar el desarrollo económico con justicia social, saneen las finanzas públicas, reduzcan el tamaño de la administración pública, etc. Ningún partido político de los que ha llegado a gobernar ha cumplido con ello. Que ustedes, los de Libre, lo lograsen, eso en verdad sería refundar este pobre país.

Aunque corto, pero el camino recorrido por el momento nos demuestra un tanto hacia a dónde vamos, y no es bueno, para nada alentador.

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