Nuestra niñez entre fieras rapaces

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La maldad tiene tantos tentáculos que el miedo a denunciar es palpable, incluso y muy a pesar de los esfuerzos que hace la Policía por ganarse la confianza plena de la población y más cuando se sabe que falta mucho por hacer para hacer entender (por suerte a muy pocos) que se debe ser íntegro siendo un funcionario de seguridad. Decimos esto porque uno de los crímenes más abominables es la explotación y abuso infantil, dado que son víctimas fáciles de los bajos instintos de cualquier aberrado y eso lo decimos debido a que mañana se “celebrará” el Día del Niño en Honduras.

Habrá un sector que será recordado y agasajado y eso está muy bien, pero la sociedad deberá recordar siempre a casi un millón de menores de edad que está fuera de tener la posibilidad de jugar, de aprender, de ir a la escuela, de pulirse como nuevos y futuros ciudadanos de bien y que no los vayan a absorber las malas andanzas. Van hasta a sobrar discursos venidos por todos lados cunado mañana debería de utilizarse para hacer campañas fuertes de denuncias contra los maltratos y abusos, campañas de protección a la niñez, campañas de fortalecimiento a la familia y no destruirla como lo hace el consumismo y las doctrinas exóticas y diabólicas.

Otro de los crímenes más repugnantes y que sí se debería legislar por la comunidad internacional es el de utilizarlos como escudos humanos a la hora de llevarlos como migrantes, incluso dejarles solos, abandonados a la deriva en los, de por sí, peligrosos y hostiles desiertos que se ubican en la frontera entre México y Estados Unidos. Eso ya es algo que simplemente no cabe dentro de la mente de una persona sensata, los niños no son animalitos para rifarlos a la suerte y lanzarlos a una muerte segura en una ruta tenebrosa, no sabemos qué y cómo puede un padre de familia cometer semejante charada.

El Estado de Honduras, a pesar de existir las leyes pertinentes, tiene una deuda altísima pendiente con la niñez hondureña, no se ha restablecido el sistema educativo con escuelas semi destruidas e incluso más de cinco mil centros unidocentes, no se reforma el plan de estudios para formarles con la adaptación pedagógica debida para los nuevos tiempos plenos de tecnología y avances de la ciencia. Lo que hay son currículos capaces nada más para producir esclavos para el primer mundo, donde lamentablemente nuestros humildes pero laboriosos compatriotas deben sostener con remesas el Producto Interno Bruto, considerados esos recursos como si fuera un mérito de país, debiéndose tipificar estos recursos como fondos de la vergüenza. Todo ello debido a que nuestros hermanos migrantes, cuando fueron niños, tampoco el Estado se interesó en ellos en su momento.

Más allá de cualquier motivación (que respetamos) o circunstancia, se debe entregar a nuestra niñez el sustrato para su realización plena, con un país en paz, no en la permanente incertidumbre en que se encuentra en estos momentos, Honduras debe ser vista con respeto y no ser tratada su población tal como se ha venido haciendo. Mientras deseamos feliz Día del Niño, abrigamos la esperanza que la sensatez llegue al ámbito oficial y de una vez por todas se arranque con la formación sana y debida protección a nuestros niños.

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