lunes, 30 enero 2023

República Federal Centroamericana 2.0. (1)

José R. Reyes Ávila

Abogado

El 22 de noviembre del 2024 se celebrará el bicentenario de la creación de la República Federal Centroamericana, que agrupó a las provincias unidas de El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, y Costa Rica; y que tuvo vigencia hasta el año 1839. Previo a la celebración de esa efeméride, el presidente salvadoreño Nayib Bukele, en fechas recientes en diferentes medios y foros, ha comentado la necesidad de dar un paso más en el proceso de integración de las naciones centroamericanas, promoviendo la creación de la “Unión Centroamericana”.

La Unión contempla bajo su cobijo a los ocho países que conforman el Sistema de Integración Centroamericana (SICA): los países constitutivos de “La República Federal de Centroamérica”, con la incorporación de Panamá, República Dominicana y Belice.

La idea básica es que la Unión Centroamericana sea un organismo regional y supra nacional, con personalidad jurídica propia, con competencias en lo económico, político, monetario, fiscal, social, Seguridad democrática y ambiental; que cuente con un Consejo de la Unión, integrado por los jefes de Estado de los países miembros, un parlamento y un tribunal, además de una comisión, entre otras instituciones. En resumen, que la Unión Centroamericana sea un Estado Federal.

Para lograr esto hay que reformar el Protocolo de Tegucigalpa, firmado en 1991 y que dio lugar al SICA, y se pasaría de la integración a la Unión para conformar el Estado Federal. Todo ello va a requerir una profunda reingeniería constitucional, legislativa, e institucional, y, sobre todo, mucha voluntad política.

La Unión cobraría vida simplemente con la aprobación del pacto constitutivo y la ratificación por parte de la presidente de la República, cosa que parece fácil en el papel, pero hay mucha tela que cortar, nos es nada fácil; siempre hay intereses. El espejo guía de este nuevo intento de federación es la Unión Europea (UE) que, para crearse y consolidarse como bloque comunitario, demoró muchos años, teniendo su origen como Comunidad Económica del Carbón y el Acero en 1951, mediante la cual se instauró un libre mercado en un solo sector -carbón y acero- entre los países constitutivos. Esta es la primera piedra sobre la que se asienta esa unión.

En nuestra área, la integración es diferente. Por un lado, seguimos siendo países inmensamente ricos en recursos, pero mal administrados, y por otra parte estamos en una posición geoestratégica clave en el comercio mundial. La integración puede y debe ser más dinámica, por idiosincrasia, identidad cultural y social, por idioma (excepto Belice) y, sobre todo, porque hay una base de integración desde hace muchos años (1991), sin olvidar que ya fuimos federación.

Hoy, los bloques económicos a nivel mundial están establecidos y mutando, en cambio, nuestros países siguen madurando el proceso de integración. La geopolítica, la economía mundial y el desarrollo de nuestra área lo demanda.

Para lograr la unión, falta una verdadera institucionalidad comunitaria y credibilidad. Somos países con serios problemas de corrupción institucional, violencia, narcotráfico, migración entre otros. No podemos crear un organismo comunitario sólido sin un proyecto claro de justicia comunitaria independiente, y menos sin una lucha radical contra los problemas ya aquí señalados.

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