lunes, 30 enero 2023

Mismas actitudes en las mismas circunstancias

A veces, en determinados momentos en los llamados botaderos, hay personas que tienen buen ojo y descubre hasta máquina que todavía se les puede sacar provecho, muy a pesar de haberse vencido su vida útil. Esto lo decimos porque, si bien se puede recuperar algo de provecho, haciendo los cambios del caso incluso adaptaciones, en la administración pública, también. No es comparación, pero sí en su modus operandi que, al parecer, quieren seguir siendo a manera de aquel aparato aún no descubierto entre tantas cosas.

No sorprende que eso esté todavía sucediendo en el caso de las personas que quieren un permiso de construcción como ya lo ha denunciado el sector de los urbanizadores. Nos dicen que la ciudad avanza y eso es positivo, pero debemos recordar que las obras de infraestructura que se están inaugurando hoy son fruto de la administración anterior y ese mérito debe ser reconocido, no hay vuelta de hoja. Tan importante es el sector “de arriba” como el resto de la ciudad, no hay diferencia entre los sampedranos ni debe haberla a la hora de ser atendidos en las ventanillas de los servidores públicos.

De otra manera podemos atrevernos a señalar de manera olímpica que esos discursos de que “se están agilizando los procesos para dar a los ciudadanos un servicio eficiente y personalizado” es una mentira puesta en el azimut, que está por encima de todo. La ciudadanía deberá encontrar las avenidas, pero para agilizar los procesos administrativos necesarios porque eso lo estamos viendo también en la capital de la república, donde la popularidad de su nuevo alcalde se logró en base a pantallazos televisivos, pero ahora eso es un verdadero caos vial, solo como ejemplo.

Lamentablemente nada ha cambiado, el mismo tortuguismo clásico de las oficinas públicas, llámense estatales, municipales, gerencias y demás. Es una verdadera lástima que a esa velocidad se mueva nuestro país, al ritmo de personas que no tiene espíritu de servicio, que son más activistas premiados que verdaderos empleados plenos de eficiencia, si acaso más de alguno tiene amabilidad, eso lo reconocemos, pero con eso no alcanza.

Tenemos leyes maravillosas, dignas del primer mundo, pero no hay quien las aplique y muchos se atreven a transgredirla, eso también sucede por el “desencuadre” y el desenfoque de la misión encomendada. Para paliar las ansias de publicidad para que digan que trabajan se prefiere andar por las calles a ver qué se encuentran para inventar algún gesto heroico, cosa que no tiene nada de malo, pero ese tiempo usado allí es una mala inversión, ya que lo que se debería hacer es ver cómo se agilizan los procesos, cómo se proyectan nuevas obras, ver las necesidades reales para dar soluciones permanentes a nuestros conciudadanos. Está muy bien rescatar equinos, está muy bien el excelente ejemplo del aseo de las calles, eso lo aplaudimos, pero reiteramos que no es por ahí. Las demandas de un pueblo trabajador es que desean cumplir con las leyes, y los funcionarios –algunos electos, otros no- deben estar en el lugar que corresponde. Mismas circunstancias con personas iguales de indolentes darán (y dan) los mismos resultados.

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