Sangre en la tierra

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Según el texto sagrado, comenzando, podemos leer: “Tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y le dejó en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase”. (Gén. 1, 15. Biblia de Jerusalén). También reza una sentencia popular que dice “para todos da Dios”. Teniendo nuestro planeta, realmente, abundantes tierras cultivables, pero que ahora en muchos lados, son disputadas por personas que, sin escrúpulos, están dispuestas a matar a otro por su posesión, incluso eso se ha visto dentro de familias.

Honduras, que ha sido prodigada por Dios con hermosos y productivos parajes, se ha visto siempre sumergida por conflictos de tierras desde hace muchas décadas y cada gobierno que asuma, deberá llevar bajo el brazo por lo menos bases para solucionar el conflicto agrario que realmente se da en todas partes, teniendo actualmente el eterno escenario del Bajo Aguán y ahora en el sur. Los grupos organizados de campesinos han hecho propuestas al gobierno de turno y este simplemente ha incumplido, pero también eso ocurre en sentido inverso. Una de las más grandes ocupaciones (no preocupaciones) de la Policía Nacional y los entes que correspondan es lograr la pacificación de las zonas en conflicto pasando necesaria y de forma obligatoria por el desarme, sin dejar desprotegida a la población honrada que pueda tener un arma en sus casas, pero precisamente por ser regulado esto, esas armas no serán usadas para el delito.

En décadas pasadas, solo para tener una idea y en un párrafo de Diario El País de España se lee: “Alrededor de 128 personas murieron y otras seis desaparecieron entre 2008 y 2013 a causa del conflicto agrario en el Bajo Aguán, en el Caribe de Honduras, dijo hoy el Observatorio Permanente de Derechos Humanos en esa zona. Un total de 90 campesinos, 14 guardias privados, 7 empresarios, un militar y un policía, además de otras 15 personas, entre civiles y apoderados legales de movimientos campesinos, murieron en el período estudiado en el marco del conflicto entre labriegos y terratenientes”.

Es decir que toda esa explosividad no es de ahora que se nota incluso desde ultramar, tal como dice nuestro himno desde “más allá del Atlante azulado”. Ahora tenemos el lío que se ha armado en el sur del país donde unos pocos, estimulados electoralmente como un premio a cambio de un voto por cierta persona que azuzó con su original verborrea a una comunidad que hoy reclama lo prometido y esa sí que es una situación que se puede salir de control, es algo muy serio y todo debido a la irresponsabilidad electorera, es como si se quisiera boicotear al país, para aprovechar alguna ganancia en río revuelto.

Mientras no haya seriedad en el abordaje del conflicto de la tierra hondureña, no podemos dormir tranquilos porque eso condiciona otras realidades muchísimo más violentas que trascienden todos los rincones del país. Ya hemos visto cuáles no son soluciones, como militarizar, que ya se ha hecho y la cosa sigue igual o peor, debe ser una respuesta integral con una suerte de medidas simultáneas con justicia social, de otra manera, nuestra Honduras bendita seguirá regándose con sangre su tierra.

 

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