Partido, familia, y sucesión en la dictadura del FSLN (2)

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– Irónicamente, el orteguismo es el principal obstáculo del partido único en Nicaragua.

Silvio Prado 

Este es el obstáculo para instaurar al FSLN como partido único: la contradicción entre militancia y familia. Lo lógico es que hubiese una negociación entre ambas partes para formar una nueva coalición dominante de la estructura, pero a estas alturas no parece haber ningún ánimo de entendimiento interno y más bien la lista de purgados aumenta cada día. La orden de desmantelar las estructuras del llamado sandinismo histórico, escondía el temor de que se crearan corrientes orgánicas dentro del FSLN, que dieran voz y presencia a quienes se niegan a jugar un papel subordinado ante personas consideradas advenedizas, sin trayectoria política, y por tanto sin autoridad ni legitimidad. Pero antes ya hubo otras depuraciones de “infieles” como la ocurrida tras las rebeliones de las candidaturas propias antes de las municipales o la destitución de alcaldes y concejales que no se apegaban a las orientaciones de “la compañera”.

Esta contradicción entre familia y partido, encierra una pugna estratégica por la redefinición de la relación entre principal y agente, que de momento parece enquistarse como una guerra cultural entre centro y periferia por la legitimidad y la propiedad del FSLN. Dicho en breve: si el partido se impone, habrá pasada de cuentas a la infiltración familiar; pero si la familia –es decir, el orteguismo-prevalece, el FSLN terminará su involución como instrumento de la dinastía y su fin como partido. Como ya se ha visto en otros casos de partidos únicos al servicio de una familia (Rumania, Corea del Norte y Cuba, por citar algunos casos), los partidos terminan siendo empresas para la escenificación de la política.

Llegado a este punto, partido y familia se encuentran ante una paradoja: ambos se necesitan, pero la necesidad no da para un matrimonio de conveniencia; las dos partes son rehenes de una ecuación de suma cero. La familia persigue asegurar la transmisión dinástica, pero para ello necesita de un partido que la asegure. Pero si esto ocurriese retomará fuerza el partido, que seguramente reclamará recuperar su rol de principal y con ello el debilitamiento del proyecto familiar.

De los tres factores señalados, solo el pragmatismo obedece al control de los jerarcas de la familia. La desinstitucionalización del FSLN en pro del orteguismo y la supervivencia del modelo original del sandinismo frente al plan hereditario, son piedras en el camino para imponer el sistema de partido único en Nicaragua. Ambos están amarrados y apuntan al corazón dinástico. Uno atenta contra el partido que sería el eje del sistema – sin partido no es posible el partido único-; el otro es un impedimento para la sucesión familiar.

Seguramente esté entre los planes del orteguismo convertirse en una monarquía presidencial, pero hasta que no extermine el último foco de resistencia de la plantilla originaria del FSLN, seguirá teniendo muy complicado convertirse en una familia-partido- Estado, al mejor estilo de los sultanismos modernos.

(Publicado por Confidencial de Nicaragua)

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