DESPUÉS NO ME ACUERDO

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De los pocos hechos lamentables que nos enteramos gracias a la intervención de sensatos usuarios de redes sociales, no podemos menos que horrorizarnos ante el testimonio en vídeo acerca de la borrachera de un conductor de autobús de una ruta internacional, cuya sede está en Honduras. Este hecho que, gracias a Dios (y a un providencial marchante que advirtió y prácticamente salvó la vida de los pasajeros de esa unidad) no pasa de ser deplorable, y no lamentable pero bien que pudo serlo. Ese hecho ilustra perfectamente el riesgo al que son sometidos los pasajeros día a día en más de alguna unidad de transporte tanto urbano o interurbano. No queremos echar a todos en el mismo saco porque, aparte de ser incorrecto e injusto, nos pondríamos en contra de personas honradas que trabajan duro, recio y parejo, de sol a sol, para atender de manera correcta a los usuarios del transporte.

Es allí donde la población se pregunta acerca de las protestas que hacen los motoristas, con justa razón en especial contra la espiral de violencia en contra de ellos, y que el Estado no se da abasto para resolver el asunto o simplemente se desentiende comprando tiempo para ver si eso se aplaca solo. La noticia de eso es que ese tipo de criminalidad jamás se aplaca y más bien tiene el comportamiento de un gas que siempre va a ocupar todo el volumen del medio que lo contiene. Pensar que eso se resuelve solo, es de ilusos. Precisamente esas protestas, cuando se salen de control y cuando exigen “revisión” de tarifas es cuando también se debe ver la otra cara de la moneda y eso es lo que se notó con la juma de ese motorista que puso en riesgo la vida de los pasajeros que conducía, aparte de los malos tratos de algunos motoristas y ayudantes o cobradores, su lenguaje soez y comportamiento procaz, el mal estado de las unidades, con radios con volúmenes estridentes con sórdidos ritmos, el vértigo con que se desplazan por calles que no están diseñadas para altas velocidades provocando siniestros a cada rato.

Ante este evento, la empresa involucrada en este penoso asunto ha emitido un comunicado presentando las disculpas del caso como si eso basta para prevenir. Eso es de aplicar todo el peso de la ley debido a que (no solo con esa línea de autobuses) los controles evidentemente son escasos o simplemente no existen los medios para poder determinar la conducta de los empleados ya que se está jugando con la vida misma de los pasajeros que confían en llegar sanos y salvos a sus destinos donde les esperan familiares y amigos para pasar un momento de alegría y que eso no se convierta en luto y llanto.

Es de suponer que de oficio habrá de actuar la Dirección Nacional de Vialidad y Transporte, el Ministerio Público, el Instituto Hondureño de Transporte Terrestre, la Fiscalía del Consumidor y de los Derechos Humanos que, por cierto, esta última instancia ha sido ventilada incluso en el seno de las Fuerzas Armadas hace un par de días con la presencia de la Embajada de los Estados Unidos (solo por mencionarlo).

No basta con presentar disculpas. Cuando piden se les dan todas sus exigencias, pero cuando se les exige, si te vi, no me acuerdo.

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