CUADRANDO EL CÍRCULO: Nosotros, los indios

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Herbert Rivera C.
herbertriveca@gmail.com 

La más reciente peyorativa y por demás descalificadora perorata en Casa Presidencial contra representantes lencas de La Campa, Lempira, que pedían la pavimentación de su calle de acceso, evidencia el desprecio que algunos gobernantes le dispensan a sus gobernados.

No ocurre lo mismo cuando hacen proselitismo esos mismos encantadores de serpientes, ahí la conducta, comportamiento y estrategia son diferentes, abundan los halagos y trato cariñoso para la población que elige, y en ese propósito, casi con dulzura, prometen y ofrecen a sabiendas que no cumplirán pues lo que interesa solo es asegurar el voto de los ingenuos.

Lo del máximo asesor presidencial no es nuevo en la casta de gobernantes, más bien es de larga data ese trato irrespetuoso con la gente sencilla, “de tierra adentro” que, independientemente de simpatías ideológicas o de si votaron o no por ellos, están en pleno derecho de exigir a su Gobierno la satisfacción de sus necesidades, como individuos o comunidades.

Un ejemplo de la arrogancia de algunos mandatarios que, en su ignorancia, torpeza y estupidez discriminan a los marginados del poder: los más pobres y los considerados indios, fue la polémica suscitada por Alberto Fernández, presidente de Argentina, quien se declaró “europeísta” y añadir: “Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos”.

Fue duramente cuestionado por esa frase discriminatoria y debió disculparse, y también porque es falsa, el escritor azteca en realidad expresó: “Los mexicanos descienden de los aztecas; los peruanos, de los incas; y los argentinos, de los barcos”. En cambio, las palabras que expresó Fernández se parecen más a la canción “Llegamos de los barcos”, del roquero argentino Littio Nebbia: “Los brasileros salen de la selva, los mexicanos vienen de los indios, pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos”.

Para los críticos, esos comportamientos veleidosos, son irreproducibles y quienes las expresan deben disculparse por su ignorancia y por la consecuente discriminación.

No dejan de ser deplorables las declaraciones racistas, pues la diversidad étnica debe ser motivo de orgullo y debería más bien eliminarse la discriminación racial y promover el respeto y la igualdad.

En el caso de Mel Zelaya, no molesta su negativa a los 15 kilómetros de asfalto solicitada por la dirigencia lenca, pues su costo no es exorbitante ni descomunal, indigna el desprecio a los coterráneos que no es nuevo, basta recordar que por menos ya le quedó mal a otra etnia, la de los tolupanes de la Montaña de la Flor, a cuyo cacique, Cipriano Martínez, le prometió un burro y fue hasta que una comitiva de esa tribu le recordó su promesa le cumplió al jefe indígena poco antes que muriera.

La descalificación y los términos peyorativos utilizados por quien la mayoría supone realmente gobierna el país, sobra y no le viene a bien a quien quiere mostrarse querendón y campechano, pero que en lugar de comprensión y tolerancia a los mandantes los llamó “duritos” para retratarlos como torpes o mentalmente atrasados y eso ha generado en la población diversas reacciones, no todas buenas.

Semejante comportamiento de quien se supone está para hacerle los mandados a los gobernados ha suscitado el rechazo e indignación ciudadanas porque ese ha sido el trato para los grupos étnicos y basta un leve repaso a la historia de tolupanes, pech, garífunas, misquitos, payas, y lencas chortí para enterarse que los gobiernos los han postergado y alejado de su desarrollo humano.

La exclusión, segregación o relegación en un país como el nuestro es absurda habida cuenta que todos somos indios o descendientes de ellos como resultado del mestizaje, y probablemente entre árabes y judíos haya quizás alguna descendencia ínfimamente “pura” dada su costumbre de casarse entre parientes y de ahí que entre ellos haya tanto loco, tan así que en Santa Bárbara dicen que familia que no tiene un orate, lo alquila.

+Al margen de los argumentos poco creíbles y ofensivos que no hay dinero para satisfacer la petición de mis paisanos lo que altera el ánimo, es la amenaza que el Gobierno no atenderá los proyectos y obras inconclusas o no iniciadas por el extraditado exmandatario graciano supuestamente narco, y tal argumento es como anunciarle a los lencas un castigo para la gente de Lempira, en el que por desgracia y al igual que en otros departamentos ha habido y hay mal paridos.

Así, fácilmente se deduce entonces que mandar lo hace cualquiera, pero que gobernar es excepción para verdaderos líderes o estadistas consagrados a trabajar, visibilizar y hacer respetar los derechos de la ciudadanía, beneficiarla, responder y satisfacer sus necesidades y mejorar sus instituciones públicas

Así lo entendió el ícono de México, Benito Juárez, a través de su apotegma o sentencia: “Entre los individuos, como entre las naciones, el derecho al respeto ajeno es la paz”, lo cual hace referencia a entender el derecho a autodeterminarse y autogobernarse y se traduce también en el respeto a la dignidad humana y la convivencia pacífica dignificando la política para el beneficio social.

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