BRAVUCONADAS Y RIESGOS

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Referirse a temas tan delicados como los internacionales y más aún cuando se calienta el ambiente con desplazamientos de fuerzas militares en maniobras o demostraciones de poderíos capaces de destruir a la civilización entera hasta que no quede ‘piedra sobre piedra’. Esto, después de ver la reacción alérgica de China por la visita de la señora Nancy Patricia Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, a la isla de Taiwán. Sabemos de la historia de este país y su contexto en las relaciones internacionales, con apenas quizá una decena de países a nivel mundial que le reconocen como república independiente (entre ellos Honduras), y cuya historia (curiosamente parecida a la de Ucrania) discurre en una secesión del territorio originario y no quieren pertenecer a la órbita geopolítica de China.

La protección logística militar de la señora Pelosi ha sido, por demás, colosal e intimidante con una suerte de aparataje naval y aéreo con pocos y raros precedentes, y como ya antes lo habíamos advertido hace un par de años en este mismo espacio, que las aguas de los mares de sur de China se estaban “calentando” debido a las pretensiones del gigante asiático en obtener recursos para su población, en especial de alimentos para un pueblo cada vez más orillado a la crisis por esta razón.

El misterio en todo esto está en que, en cualquier momento, en un instante desequilibrio emocional o la alta presión ejercida sobre los mandos de los batallones en esa zona del mundo pudiese ocurrir una desgracia catastrófica. Sumado a ello el peligro que aparenta Corea del Norte con su discurso amenazante contra sus vecinos, en especial Japón quienes seguramente no se quedarán tampoco con los brazos cruzados ya que debieron lidiar contra el dolor provocado por las bombas atómicas lanzadas por los Estados Unidos a Hiroshima y Nagasaki para su rendición hace ya 77 años.

La guerra es recurso desagradable para los pueblos, promueven el odio, se destruyen y después vienen las reconciliaciones con políticos de otras líneas ideológicas y sirve para proponer la paz, pero una especie de “pax romana” donde ya se sabe de lo que se es capaz y sus consecuencias. Siendo así, con ese despliegue de exhibición de fuerza, del músculo militar también se corre el riesgo de tener un encuadre y enfoque de la utilidad del militarismo en función del desarrollo de los pueblos y su prosperidad. Sabemos que el mundo tiene unas zonas más calientes que otras dados los intereses de las grandes potencias, sin embargo, el desvirtuar el militarismo podría ser una de las consecuencias de todo ese despliegue y bravuconada, y eso en el mejor de los casos, en el peor ya sabemos de la auto aniquilación de la especie.

Mientras nosotros, en Honduras, tenemos nuestras propias maneras de ver la realidad con una vista corta y con pleitos domésticos entre seres con actúan con poco raciocinio poniendo en evidencia la escasez de visión y más bien deberían ir viendo cómo podría enfrentar Honduras, y el resto del área, los embates de una consecuencia que está a la vuelta de la esquina.

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