miércoles, agosto 17, 2022

La paradoja del triunfo

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Específicamente, en las contiendas electorales en cualquier democracia del mundo, al ganar en un conteo de votos, prácticamente se deposita en las manos de un equipo de personas el destino de los habitantes que le han confiado tal, especialmente en regímenes como el nuestro, que es más presidencialista pensando que debería ser más constitucionalista que el anterior para erradicar de una vez la adulación a la figura presidencial y la verdadera independencia entre los tres poderes del Estado.

Después de los famosos cien días de “romance”, donde se les da un margen de espera a ver por dónde se caminará, comienzan las refriegas y los malestares de las promesas y los compromisos adquiridos, sabiendo el pueblo que esas no son más que vapor, cosas irreales, siendo más auténticas las promesas de amor de Don Quijote a su Dulcinea. Cuando se deposita en las manos de una persona el destino de un pueblo, debe entenderse como una misión sagrada, ver con respeto y con mucha preocupación semejante responsabilidad por los retos que vendrán o que, a lo mejor, esos problemas ya están esperando bien arrellanados en los mejores sillones antes de tomar posesión.

Precisamente esta es la visión que queremos plantear al alcalde de nuestra ciudad, San Pedro Sula, quien, quizá por su obvia inexperiencia en esas lides, deberá saber e irá aprendiendo del buen consejo o de los golpes inevitables por no conocer a fondo cómo es el teje y maneje de la comuna. Sabemos que el señor Roberto Contreras es una buena persona, de buen corazón, solidario y además es un empresario de éxito más que demostrado. De eso no hay duda, pero con eso no alcanza para manejar una ciudad como la nuestra donde a cada rato surgen problemas y las soluciones deberán ser apegadas en debido tiempo y forma en función de la ley que establece ya los protocolos debidos.

Esto nos recuerda la canción “Arroz con habichuela” en una de sus frases aludiendo a los artistas que comienzan, a manera de consejo, cuando canta: “Esto no es ‘mamá, papá, llegué y pegué’, esto es la lección completa”. No es lo mismo celebrar a seguir celebrando como si todavía estuviera siendo declarado alcalde. No se trata de hacer el trabajo que corresponde a otros funcionarios que ya están para esos menesteres y se les paga para que lo hagan como el hecho de dar vías en bulevares concurridos. No decimos que sea malo hacerlo para un alcalde, simplemente decimos que, a pesar de ello, no es su menester y se ve como desubicado.

Son varias las veces que hemos tocado este tema y ahora esperamos que lo nuevo, desafortunadamente, que le está sucediendo con una deuda supuestamente contraída por la ciudad y negociada por el alcalde, llegue a una conclusión justa y que nadie salga perdiendo muy a pesar que la ley deberá ser pareja y aplicarse para que sirva de ejemplo y para demostrar que hay orden en la ciudad. Además, para que los funcionarios sepan en lo que se están metiendo, discuten, pelean, se ofenden con tal de ganar votos, pero ya al llegar, las cosas cambian. Allí es cuando se preguntan si en vez de haber ganado, más bien se ha perdido, sobre todo la paz interior.

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