miércoles, agosto 17, 2022

Los “ángeles” de Engel

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Herbert Rivera C.
herbertriveca@gmail.com 

Si existiera un listado de gente que tiene seguro un visado para el infierno, seguramente, ni eso, causaría tanto pánico como el habido en los enrolados en la denominada “Lista Engel” que, entre otras cosas, les impide el ingreso a los Estados Unidos por la cancelación o negación de visas.

Obviamente en esa lista no aparecen ciudadanos corrientes y comunes, no, solo está un grupo de privilegiados en el poder, de antes y de ahora, acusados o condenados por supuestamente delinquir con corrupción.

Pocas situaciones causan tanta polémica y provocan especial escozor o roncha a los enlistados que, además de las sanciones del Gobierno norteamericano, son expuestos a la vendetta pública o al linchamiento moral el cual se debe admitir, contrario al señalamiento de los norteamericanos, le resbala al delincuente de cuello blanco por su naturaleza cínica e inescrupulosa.

Hasta ahora suman 37 los hondureños en esa lista, todos políticos o burócratas en las administraciones de Manuel Zelaya, Porfirio Lobo Sosa y Juan Orlando Hernández, quien fue incluido en la Lista Engel en julio 2021, pero su nombre permaneció oculto hasta su salida de la Presidencia.

Al ex mandamás extraditado como supuesto narcotraficante se añaden los primeros 21 nombres publicados en julio 2021 y que, incluyó al expresidente Lobo Sosa y su mujer, presa por corrupción; y recién en julio 2022 se conoció la lista de otros 15 connacionales de los que dos son vicepresidentes del Congreso Nacional y uno fue ministro del exgobernante Manuel Zelaya, y ahora es asesor de la presidenta Xiomara Castro.

En ese total, además de los dos ex gobernantes nacionalistas, hay 21 diputados -liberales, libres, nacionalistas y un demócrata cristiano-, exministros, una exprimera dama -entre ocho mujeres enlistadas- y un exdirector de la Policía Nacional, también extraditado por supuesto narco.

Todos ellos han sido sancionados por la “Ley de Compromiso Reforzado entre los Estados Unidos y el Triángulo Norte”, más conocida como “Lista Engel”, aprobada en 2020, para sancionar a involucrados en actos de corrupción y ataques a la democracia en Honduras, Guatemala y El Salvador.

La “Lista Engel”, surgió en 2019 por iniciativa del ex congresista demócrata de Nueva York, Eliot Engel, para apoyar al pueblo de Centroamérica y fortalecer la seguridad nacional de los Estados Unidos abordando las causas fundamentales de la migración desde El Triángulo Norte.

La primera consecuencia para los cuestionados es que no pueden ingresar legalmente a los Estados Unidos, a menos que se conceda una exención del Departamento de Seguridad Nacional.

Dicha ley establece también que el presidente de Estados Unidos impondrá sanciones como el bloqueo de propiedades a los involucrados en actos de corrupción.

Para castigar a los que considera corruptos o corrompidos, el Departamento de Estado estadounidense utiliza toda información creíble contra la corrupción en la región. Además, se sustenta en la Sección 353 (b) de la Ley de Apropiaciones, Operaciones Extranjeras y Programas Relacionados de 2021.

Tres son las causales que determinan que alguien sea sancionado dentro de la Lista Engel: 1) Que se trate de extranjeros que, con conocimiento de causa hacen parte de acciones que socavan la democracia; 2) Que intencionalmente participen en casos de «corrupción significativa»; y 3) Que obstruyan investigaciones de lavado de activos, soborno, corrupción y extorsión, entre otros, sin descartar que podrían ser enjuiciados en los Estados Unidos.

En ese catálogo de sancionados hacen falta nombres de más hondureños pues el Departamento de Estado norteamericano ha advertido que seguirá ampliando dicha lista para “servir de elemento disuasorio”.

Frente a ese esfuerzo transnacional para sancionar a corruptos y corruptores en las altas esferas del Estado, argumentos venidos a menos u olvidados cuando antes se castigó al oponente ideológico o rival político, son desempolvados y esgrimidos ahora para defender a los suyos acusando a la gran potencia mundial de implementar una política intervencionista e injerencista en otros países.

Eso es cierto, pero no por eso malo ante la inutilidad de un sistema y la alcahuetería de una ciudadanía saqueada que no castiga, más bien perdona y olvida, y también consiente y premia a sus saqueadores.

Aunque la presión externa e interna puede ayudar a los países a proteger su democracia frente a la corrupción, por sí solas, las sanciones en esa lista parecen insuficientes pues los cuestionados pueden sobrevivir a pesar de las acusaciones y la coacción de afuera porque el acompañamiento dentro del país es débil y el sistema y está maltrecho y por demás vulnerable.

Semejante esfuerzo extranjero para castigar corruptos que en sus países más bien han sido recompensados, es reciente y aún está por verse su utilidad o no para proteger la democracia y disminuir el pus en una clase política podrida, rapaz y de vieja data como la nuestra.

Así, vista la conducta y sus actuaciones, los incorporados en la “Lista Engel” no son ningunos ángeles, sino más bien diablos o demonios de todos los partidos políticos y de todos los colores que solo miseria siguen causando a la población.

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