miércoles, agosto 17, 2022

Bailando sobre el Titanic (2)

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Putin sabe que ni Washington ni la UE estarán dispuestos a cruzar la línea roja de un enfrentamiento. Así mantiene a Occidente bajo chantaje 

Fernando Mires

En cierto modo, para muchos ya lo es.

De modo sutil Tatiana Stanovaya intenta presentarnos los proyectos de Putin como “fantasías”. Pero como el artículo también está escrito para personas inteligentes, es posible percibir de inmediato que las fantasías de Putin no son tan fantásticas. Sobre todo, si se tiene en cuenta que Stanovaya dejó dos grandes potenciales aliados adicionales de Putin al margen de sus comentarios: uno es China y el otro es el mundo islámico. El primero no es por cierto un aliado muy seguro, aunque por ser una dictadura, la camarilla china empatiza más con Putin que con ese molesto Occidente cuyos políticos hablan de cosas tan improductivas como libertad, democracia y derechos humanos. El mundo islámico en cambio puede llegar a ser un aliado mucho más fiel de Putin en la construcción de su tétrico nuevo orden mundial (que, dicho de paso, entusiasma mucho a los plumarios antidemocráticos de América Latina).

No debemos olvidar que la Iglesia ortodoxa rusa de la que Putin es fiel acólito, en su dogmatismo, en sus estructuras despóticas, y sobre todo en su odio sexual a Occidente, está mucho más cerca de la teología islámica que del cristianismo occidental, también vigente en Ucrania. El del monje Kirill es un cristianismo medieval que no vivió nunca una reforma, ni una ilustración, ni una democracia. Es un cristianismo inquisitorial rezagado en las ruinas de Bizancio y hoy reaparecido en las cúpulas del Kremlin. Es también el cristianismo militar e imperial de Vladimir Putin. En breve, es un cristianismo sin Cristo.

No es exageración afirmar que la democracia se encuentra amenazada a nivel mundial, tanto interna como externamente. Esa democracia que, a fines del siglo XX, después de la caída de las dictaduras del sur europeo, de las del cono sur latinoamericano, y del fin del mundo comunista, parecía emerger victoriosa, hoy se encuentra arrinconada por dos potencias mundiales, por religiones ultraconservadoras, por empresarios anti-políticos, por populismos de izquierda y de derecha. Democracia condenada por Putin, si no a desaparecer, a vivir arrinconada en solo algunos países. Puede que no sea así, pero las condiciones para que así sea, ya están dándose. Eso es lo que no nos quiso decir directamente, tal vez para no echarnos a perder el día, Tatiana Stanovaya.

Pero el día después de haber leído el artículo que aquí comento, Putin viajó a Teherán a encontrarse con sus homólogos turcos e iraníes. El tema de la reunión fue Siria. Más bien, así lo veo, fue un tema-pretexto. Mirando con detención la foto de los tres autócratas, parecíamos más bien asistir a la confirmación de un nuevo “eje histórico” formado por el rusismo religioso-imperial de Putin, el Irán fundamentalista y teocrático de Raisi y el occidente antidemocrático y semi-islámico de Erdogan, todavía con un pie en la OTAN.

Hoy, mientras termino de escribir este artículo, Italia está siendo sumida en una de sus acostumbradas crisis políticas, pero en estos momentos, muy fatal. Si ascienden al poder las fuerzas de Meloni-Salvini-Berlusconi, Putin podría lograr en Roma lo que no logró con la derrota de Le Pen en París: el inicio del “aniquilamiento político de Europa” que según el escritor Michel Houellebecq iba a comenzar en Francia.

¿Es esta guerra del siglo XXI heroica pero irracional? Para los ucranios –contradiciendo aquí a Habermas que nos habla de tiempos post-heroicos– no lo es. Para los demócratas de Ucrania, la que libran es una guerra plena de racionalidad: se trata nada menos que de sobrevivir como nación. Por eso mismo, además de racional, es heroica.

Siguiendo a Kant, quien escribió sendos tomos sobre la razón pura y sobre la razón práctica, habría también dos tipos de heroísmo: el heroísmo puro, que no sirve para nada (fue el de la primera guerra mundial) y el heroísmo práctico. En la vida cotidiana, heroísmo práctico es por ejemplo el de un padre que se arroja al agua a salvar la vida de su hijo que no sabe nadar, o el de un bombero que libera a una anciana de las llamas de un incendio. En la vida histórica, heroísmo práctico fue impedir que Hitler se hiciera de toda Europa. Heroísmo práctico es también para los ucranios impedir que Putin los convierta en ciudadanos rusos de segunda clase.

¿Y para el resto de Occidente? Para sus gobiernos esta guerra no es irracional, como fue la primera guerra mundial. A fin de cuentas, se trata de impedir el avance de un imperio antidemocrático, y eso, desde el punto de vista democrático, nunca podrá ser irracional. Pero tampoco es (todavía) una guerra heroica. En otras palabras, hay en Occidente un deseo de democracia, pero no hay una mística democrática. Nadie quiere interrumpir su modo de vida, nadie quiere limitar un poco el uso excesivo de energía, nadie quiere perder sus vacaciones, nadie quiere pensar si hay una conexión entre determinados partidos políticos por lo que siempre han votado, con los dineros de Putin, pese a que algunas pruebas ya son más que evidentes.

Al llegar a este punto no puedo sino recordar una frase que leí hace tiempo, ya no me acuerdo dónde. Esa frase decía: “El Titanic se hundía y los pasajeros querían seguir bailando”.

Fragmentos de un ensayo publicado en el blogspot Polis

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