miércoles, agosto 17, 2022

Bailando sobre el Titanic (1)

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Putin sabe que ni Washington ni la UE estarán dispuestos a cruzar la línea roja de un enfrentamiento. Así mantiene a Occidente bajo chantaje

Fernando Mires

La politóloga rusa Tatiana Stanovaya es una excelente analista política y ha sabido descifrar los objetivos que persigue Vladimir Putin en su guerra a Ucrania. Para no perder tiempo, pasaré directamente a resumir –y a comentar– su último artículo publicado en The New York Times.

El objetivo más pequeño y alcanzable, digamos, el más inmediato para Putin, es su expansión territorial hacia el interior de Ucrania la que continuará hasta que las condiciones lo permitan, afirma Stanovaya. Ya ha logrado apoderarse de las regiones de Donetsk y Luhanks, pero sin duda seguirá avanzando. Lo hemos leído recientemente en las declaraciones de Lavrov y Medvedev. El primero anunció que la geografía es ahora diferente y Rusia continuará su expansión hacia las regiones de Jerson y Zaporiya. El segundo, en su papel de “policía malo”, dijo que el Kremlin piensa borrar a Ucrania del mapa mundi. Para alcanzar sus asesinos objetivos, Putin cuenta con las debilidades del bloque occidental.

Putin sabe que ni Washington ni la UE estarán dispuestos a cruzar la línea roja de un enfrentamiento directo que, sin duda, culminaría en una guerra atómica de consecuencias imprevisibles. Así mantiene a Occidente bajo chantaje. De ahí, es nuestra opinión, el carácter genocida que ha otorgado a su guerra en Ucrania. Si Ucrania no cae bajo su dominio, no podrá alcanzar sus objetivos que, siendo más importantes para él que Ucrania, pasan por Ucrania. Se la va a jugar entonces, aunque el mundo se horrorice, por ocupar toda Ucrania. Su victoria no será tal si no obliga al gobierno de Ucrania a capitular, dice Stanovaya, y agrega: “En un nivel práctico, la capitulación significaría que Kyiv acepta las demandas rusas que podrían resumirse como la “desucranización” y la “rusificación” del país” (….) “El objetivo, en definitiva, sería privar a Ucrania del derecho a construir su propia nación. El Gobierno sería reemplazado, las élites purgadas y la cooperación con Occidente, anulada”.

Para dominar a toda Ucrania, Putin cree contar con el tiempo a su favor: espera, aduce Stanovaya, que la élite política ucraniana se dividirá agotada por una guerra sin salida, y probablemente Zelenski será derribado por su propio pueblo (para el efecto Putin está movilizando numerosos servicios de espionaje en Ucrania). Y si no es así, se agrega aquí, será sacado del poder por las tropas rusas. Lo mejor para Putin sería, por supuesto, que Kyiv caiga por sí solo. Así su victoria sería militar y política a la vez.

Según Stayonava, después de la toma de Ucrania, Putin intentará su objetivo primordial: construir lo que él llama “un nuevo orden internacional”. Stanovaya opina que ese objetivo fue descubierto por Putin en el curso de la guerra a Ucrania. Aquí no estamos muy seguros. No podemos olvidar que Putin fue siempre revanchista y profundamente anti-occidental. Nunca ha ocultado su propósito de reconstruir el antiguo imperio zarista con medios estalinistas y con agregados putinistas, y en las invasiones anteriores perpetradas en Chechenia, Georgia, Siria, Crimea, más la anexión virtual de Bielorrusia, ha perseguido ese propósito imperial. Si además analizamos su política internacional antes de la invasión a Ucrania, no podemos obviar la enorme cantidad de dictaduras y autocracias a las que Putin ha ofrecido ayuda. Putin, en efecto, tiene muchos aliados y un hinterland semi-islamista y anti-occidental al que cree controlar tanto económica y militarmente en el Caúcaso y en Asia Central.

En lo que sí podríamos concordar con Stanovaya es que, en el curso de la guerra a Ucrania, Putin dejó de concebir el nacimiento de un nuevo orden mundial como visión utópica para convertirlo en una posibilidad visible y real. También tiene razón Stanovaya cuando destaca que Putin no piensa destruir a Occidente solo mediante la vía militar, sino también echando mano a recursos políticos. Según la autora rusa, para Putin hay, en efecto, dos occidentes: uno malo y otro bueno. En sus palabras: “El mal Occidente está representado por las élites políticas tradicionales que actualmente gobiernan los países occidentales. (…..) “El buen Occidente consiste en europeos y estadounidenses comunes que, según él, quieren tener relaciones normales con Rusia, y empresas que están ansiosas por beneficiarse de una estrecha cooperación con sus homólogos rusos”.

En palabras más cortas, los aliados inter-occidentales de Putin serían fundamentalmente dos: las empresas económicas dependientes del gas natural, las que de hecho son todavía sus clientes, y los gobiernos y movimientos anti-democráticos de Europa y de los EE.UU., sobre todo de ultraderecha (aunque también los hay de izquierda, como Podemos de España, entre varios otros). En síntesis: Putin busca convertirse en el mesías de la des-democratización del Occidente político.

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