San Pedro Sula, Honduras
junio 21, 2021 7:47 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

EL UNICORNIO IDEOLÓGICO: La pirámide del conflicto social

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Héctor A. Martínez
sabandres47@yahoo.com

Abraham Maslow, creador de la teoría de la Motivación Humana, diseñó una pirámide de necesidades humanas a la que suele denominarse “La pirámide de Maslow o de las necesidades humanas jerarquizadas”.

Según el psicólogo norteamericano, en la base de la pirámide subyacen las necesidades más urgentes a satisfacer, las fisiológicas, como, por ejemplo, el alimento diario, los suplementos vitamínicos, el sueño reparador y hasta el mismo sexo. Suplidas estas necesidades, dicta la teoría, aparecen otras no menos apremiantes como la seguridad de contar con una casa, un empleo, salud y educación. Y así, sucesivamente, van apareciendo otras necesidades más complejas, hasta llegar a la cúspide de la estructura jerarquizada donde se encuentra la autorrealización del ser humano, la etapa culminante donde hemos de gozar de una vida en plenitud, cuando por fin los sueños e ideales se hacen realidad.

Por supuesto que Maslow creció en una sociedad como la norteamericana donde los recursos institucionales, como la educación o los medios para encontrar la fortuna se encuentran disponibles para ser aprovechados al máximo. Toca a cada uno utilizar sus facultades y habilidades para lograr lo que los periodistas hondureños suelen denominar con cierto desconocimiento “el sueño americano”, que no es otra cosa que la escala piramidal de Maslow aplicada a la vida real. Escalar esa pirámide representa para los norteamericanos una vida entregada al trabajo y al estudio tesonero, aunque no todos lo logran, desde luego, aunque, pese a las circunstancias, los satisfactores para cada nivel siempre estarán disponibles para que nadie se quede rezagado. Cualquiera tiene derecho a encontrar su felicidad si lo hace de manera honrada, siguiendo las leyes y los valores de esa sociedad. En esa medida, el sistema norteamericano logra disminuir las tensiones sociales; y en caso de que surja un conflicto, las instituciones especializadas harán la tarea de disminuir la presión aplicando los recursos, las normas y los acuerdos respectivos. Eso se llama “equilibrio social” al decir de los sociólogos funcionalistas, lo que explica por qué el funcionamiento del sistema norteamericano se mantiene incólume en el tiempo a pesar de las crisis de los últimos cien años.

En las sociedades latinoamericanas, sin embargo, especialmente en países como Honduras, la disponibilidad de los recursos para acceder a la satisfacción de las necesidades que apuntaba Maslow es un viacrucis, a causa de las deficiencias institucionales. Los sistemas educativos y de salud son poco menos que inoperantes, pero, de igual manera, en el sector privado cunde la baja productividad y el apocamiento tecnológico que impiden la generación de más riqueza, más empleo y mejores condiciones salariales: la culpa del éxodo no es solo del Estado, es también responsabilidad del empresariado nacional.

Nuestra organización social e institucional es bastante frágil e ineficaz porque no funciona bajo un esquema teórico o científico, no al menos bajo el principio de la pirámide de Maslow. El desequilibrio se muestra patente a medida que aumenta una población que compite por los recursos mientras estos disminuyen o sencillamente no crecen. Tampoco la calidad de vida. Así, los ciudadanos tienen que ingeniárselas para obtener algo de esa escasez: emprendimiento de baja inversión, subempleos, economía informal, latrocinio, tráfico de drogas, prostitución y muchos etcéteras. En el extremo de los casos, irse de “mojados” en las caravanas migratorias es una de las muchas opciones. Ya podemos entender el por qué.

Si el sistema no funciona, entonces la disputa por los recursos aflorará en conflictos que pueden ir subiendo de grado en la medida que se agudiza esa escasez y aumenten los demandantes por esos recursos. ¿No es este un grave problema para nuestra sociedad? ¿No se avizoran conflictos en la medida de que las necesidades que apuntaba Maslow no se logran satisfacer? Las sociedades, como la economía del hogar, una empresa o un ministerio, no se dejan al garete: se estrellan, quiebran o se rompen. ¿No puede pasar lo mismo con nuestra sociedad? Desde luego que sí. Es cuestión de tiempo.

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