San Pedro Sula, Honduras
mayo 13, 2021 1:46 PM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

No siempre, algunas veces

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Otto Martín Wolf 

Quizá antes de los 16 años adquirí la extraña costumbre de levantarme muy temprano. No estoy hablando de 5:00 a.m., mi día generalmente empieza a las fabulosas 2:00 de la mañana o antes. Qué tiempo maravilloso, siento que ese mundo silencioso es solo mío mientras el resto duerme. Afortunadamente muy pocas veces el ruido exterior se mete en mis asuntos, quizá una sirena lejana o el ladrido de un perro trasnochado.

Un gato camina sigiloso por un techado cercano, me mira casi con indiferencia y yo le admiro sus dotes de acróbata. Las aves aún no empiezan a cantar y los gallos, como la mayor parte de las personas, duermen todavía. No es que me despierto a esa hora, es que me levanto. Antes de que haya transcurrido mucho tiempo, he revisado los principales diarios del mundo y me he enterado de las noticias más importantes. Correos electrónicos, mensajes, propuestas e inclusive un poco de poesía, todo lo he leído cuando aún le falta bastante al sol por salir.

Por cierto, sabemos que el sol realmente no sale, que es la Tierra con su giro lo que produce esa impresión, pero siempre me ha gustado la sensación de que es el sol quien se mueve, cambiando lentamente los diferentes grises de la noche por los maravillosos colores de la luz completa. ¿Cuántos se pierden eso todos los días?, ¿cuántos muy pocas veces en su vida disfrutan de un amanecer?

Es más, ¿a cuántos le sorprende camino al descanso? Su día termina cuando el mío apenas comienza. Qué desperdicio de oportunidades, quienes hablan de madrugar extremo no saben lo que se pierden. Mi rutina de ejercicios está completa antes de que salga el sol, mi primera taza de café trajo a mi paladar la agradable sensación de que estoy vivo y de que vivo plenamente.

Cuando el resto del mundo empieza a despertar somnoliento, mi día les lleva cuatro horas de ventaja. Multiplique eso por 40 años y se dará cuenta de que he vivido unos 2,300 días más que el resto de la gente en ese mismo período de tiempo, unos seis años más.

Para quienes lo están pensando, duermo poco en la noche y complemento mi descanso con una generosa siesta a mediodía. Mucho antes de que los científicos especializados empezaran a recomendar la siesta hasta para hombres de negocios, yo ya había descubierto sus beneficios y disfrute. No escucho noticias, prefiero leerlas. No me gusta que me alarmen o que direccionen mi pensamiento hacia las rutas de interés de los noticieros.

Leyendo puedo seleccionar a mi gusto lo que quiero y lo que no quiero ver, de lo que quiero y de lo que no quiero enterarme. ¿Un artículo interesante sobre cualquier tema? Lo leo con paciencia, lo disfruto sin prisas. ¿Una estupidez? La elimino rápidamente en mi ordenador. ¿Algo más interesante que requiere análisis? Lo marco y guardo para leerlo con más tiempo a la primera oportunidad.

No siempre, algunas veces como hoy, quisiera que todo mundo hiciera lo que yo, que empezaran su día muy tempranito, pero después pienso en lo que perdería si todos lo hicieran. Prefiero ser el dueño de las últimas sombras de la noche y los primeros colores del día.

Gran egoísta, prefiero guardar mi secreto.

En el silencio de la madrugada el mundo es mío, solamente mío.

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