San Pedro Sula, Honduras
mayo 13, 2021 1:07 PM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

MATALASCALLANDO: El polemista de los bigotes teñidos

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Ing. Carlos Mata
cmata777@hotmail.com 

“En una negociación funciona la diplomacia; la diplomacia es que los demás hagan lo que nosotros queremos que hagan, y que, además, lo hagan agradecidos”. Dale Carnegie. 

Comprendiendo que, cuando ya se acerca uno o queda como oscilante con el tiempo al llegar a honrosa edad de 50 años, pues allí ya comienza a tener una especie de derecho de piso, validez de opinión y la palabra se convierte en santa. Lo difícil es que uno se puede volver arisco en los puntos de vista y alegar por todo y por nada.

Eso es precisamente lo que sucedía con Cabañitas, alias “Duende”, cuyo oficio era el de vender colchones en una tienda ubicada una cuadra arriba de la farmacia del pueblo, frente a la posta de las muchachonas de alegría fingida al sonido de las monedas. Con semejante vecindario, don Cabañitas estaba un poco quizá, no solo perdiendo la juventud, diluyendo la dulzura de carácter, por eso siempre pasaba con su espeso bigote pintado de negro azabache y sin brillo, tonalidad mate, lo que delataba su reniego de estar viendo –como en un espejo- frente a frente que ese futuro de fuerzas mermadas había hecho ya su inexorable arribo.

Una de esas mañanas donde el calor apretaba desde antes de salir el sol, como si fuese ya mediodía, pasó un marchante en una carreta halada por un caballo podenco, desnutrido. Se trataba del “Pantera” (nadie jamás supo su verdadero nombre, solo se sabía que nació en los Estados Unidos, y ya crecidito, por feo, lo confundieron con un indocumentado y lo enviaron a Honduras como bendición) que siempre aparecía temprano con su tóxica mujercita al lado comiendo rábanos y zanahorias “al dente”.

Buenos días don Cabañitas, le dijo amablemente. Hola, ¿en qué le puedo atender? Mire que ando buscando colchoneta matrimonial, de 55 pulgadas de ancho por 74 de largo, ¿cuánto vale? En eso ya un poco contrariado, Cabañitas le dijo, ¿anda buscando o comprando?, no me haga perder el tiempo, hombre… Allí intervino la fiera de la doña que sí era una pantera de verdad. Se escuchó como maullido en celo, ¡a mi hombre me lo respetás, ¿oíste, bigotes de morsa? Ante esa sorpresiva sentencia, a Cabañitas no le tocó más que decir que costaba mil cien lempiras, pero solo había colchonetas unipersonales.

Nombe, compa, sea serio, acabamos de ir donde el turco y los colchones los tiene a mil cincuenta, ¡y son colchones y no colchonetas! Ante esto, le respondió que siendo así pues él mismo iría a comprar colchones allí, como burlándose. Al oír eso, la doña se quitó las chancletas de hule, se bajó de la diligencia y se abalanzó sobre Cabañitas, le empezó a dar bofetadas después de haberlo lanzado al suelo. Como fiera indómita le iba dando cada caricia hasta desteñirle el bigote, botarle el peluquín y hacerle escupir las placas dentales. Las muchachas de la zona llegaron rápido a ayudar al polémico bigotón y le quitaron de encima a la vengadora.

Pantera se quedaba observando, como acostumbrado a esas acciones, simplemente saboreando una naranja nébula, mientras los contendientes se sacaban el polvo de estas calles de Dios (y del diablo). En eso Cabañitas les dio rebaja y mandó a sacar la colchoneta matrimonial y se las dio a mitad de precio.

Ya al colocarla en la plataforma del vehículo, una de las servidoras de amor les preguntó, mientras ya ellos iban como a media cuadra, para qué querían esa colchoneta, solo se escuchó (como pidiendo auxilio) al Pantera decir: “¡El domingo nos casa el cura!”

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