San Pedro Sula, Honduras
junio 21, 2021 4:39 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

Repensar la campaña anti coronavirus

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José Adán Castelar 

Cuatro muchachas caminaban animadas y a la par, cubrían casi todo el pasillo en un “mall”; como tantos que procuran -como sea- el distanciamiento social, traté en vano de esquivarlas, una casi me choca; si tuviéramos el coronavirus, probablemente nos habríamos contagiado, la prudencia me reprimió el reclamo, y ellas, desahogadas, como si nada.

Las postales de Semana Santa nos dejaron imágenes de temerarias fiestas en piscinas, donde jóvenes -otros no tanto- bailaban, bebían y reían despreocupados, sin mascarillas, porque en el agua son poco prácticas o inútiles, y aunque el distanciamiento adquiriría aquí mayor importancia, nadie lo respetaba.

Lo mismo pasó frente al mar, que a pesar de la inmensidad de playas que tenemos, muchos preferían los sitios concurridos: restaurantes y bares repletos, balnearios a tope; se nota en la cantidad de fotos con que los jóvenes repletan sus muros en Facebook o Instagram, como si el virus también se hubiese ido de vacaciones y a otra parte.

¿A qué viene todo esto? Que en los medios de comunicación flota desesperada la pregunta de por qué después de un año de intensas campañas de concienciación a nivel mundial, de repetir como un mantra el uso de la mascarilla, el gel, alcohol y guardar distancias, y con las cifras de enfermos y de fallecidos, todavía hay quienes viven en la negación o el descuido.

A lo mejor, en la intensidad de las campañas ha faltado un enfoque específico: el de la juventud. Como todos pasamos por ahí, sabemos que los jóvenes viven casi en un universo paralelo, en su propio mundo, y solo se asoman por un rato al de los demás y se vuelven a encerrar; más ahora con el aislamiento que permiten los celulares, redes sociales y su realidad virtual de videoconsolas.

Es una condición natural que el joven se sienta inmune a todo, que se crea superdotado, y asuma que las cosas malas solo les pasan a los demás; aunque esas seguridades pueden darles ventajas y mejores competencias en los estudios o los deportes, en este caso de la tal pandemia, la confianza puede ser letal.

Les ha tocado vivirlo trágicamente en otros países, por ejemplo, España o Italia, que abrumados -como nosotros, como todos- por la desesperante cuarentena, y ante el derrumbe de la economía, decidieron abrir restaurantes, bares, pubs, tascas y hasta discotecas, donde los jóvenes, especialmente, se distraían de la bioseguridad y llevaron la peste a sus padres y abuelos.

En los hospitales los médicos se escandalizan y temen un incontrolable rebrote de la enfermedad; las autoridades sanitarias anuncian el refuerzo para ampliar las atenciones; y aunque el descuido es general, es fácil encontrar jóvenes distraídos en el súper, restaurantes, en la calle.

Como la COVID-19 seguirá por aquí muchos meses más, es necesario replantear e intensificar la campaña hacia ese grupo juvenil que no ve noticias y se siente de hierro: mensajes en sus propios medios, con sus mismos códigos, porque esta peste, o la evitamos todos, o la sufrimos todos.

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