San Pedro Sula, Honduras
junio 21, 2021 7:55 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

SIN RODEOS: Una estrepitosa derrota

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Edgardo Rodríguez 
Politólogo y periodista  

Hay una derrota memorable en las pasadas elecciones internas y primarias que no podemos ni debemos dejarla pasar desapercibida por el alto significado político que tiene. Nos referimos al señor Ricardo Álvarez, quien se postuló como candidato a diputado al Congreso Nacional, por el movimiento Juntos Podemos, del doctor Mauricio Oliva y que quedó fuera de las planillas azules por el departamento de Francisco Morazán.

El Consejo Nacional Electoral ha concluido el conteo de todas las actas y ahora trabaja en las impugnaciones que presentaron algunas personas, de los tres partidos políticos, que acudieron a la contienda primaria, no sabemos si en esa revisión pudiera producirse una sorpresa, de esas inesperadas que suceden en esos recuentos. Hay quienes comentan que no sería extraño que, como producto de las negociaciones, dentro del Partido Nacional, pudiera darse la sorpresa que el señor Ricardo Álvarez apareciera, inesperadamente, en una de las 23 plazas de la boleta de diputados.

Pero más allá de esa posibilidad de revivir las aspiraciones del ex alcalde, debemos reflexionar sobre el hecho fáctico que don Ricardo Álvarez quedase en la posición 24 de la papeleta, con apenas 43,971 votos, siendo superado por el doble de marcas por jóvenes políticos que aspiraban por primera vez a una candidatura a una curul. Es decir que, un ex alcalde, también ex diputado, actualmente designado presidencial, ex presidente del Comité Central del Partido Nacional, con una buena inversión publicitaria no haya podido superar a personas casi desconocidas, dentro y fuera de su partido, es un fenómeno que se sale de toda lógica política, pero que de tiempo en tiempo puede suceder.

Tengo algunos amigos políticos nacionalistas que dicen que a Ricardo le hicieron “trampa”, yo eso lo dudo mucho, porque él no es un político que se queda callado. Recordemos que, en las elecciones internas del año 2013, cuando compitió contra el hoy presidente del país, Álvarez Arias denunció fraude y presentó impugnaciones que al final no le dieron la razón. Por eso no creo que le jugaran sucio, de hacer sucedido así ya lo habría denunciado, no lo ha hecho y más bien se ha llamado al total silencio, como reconociendo su estrepitosa derrota política.

Considero que Ricardo ha tenido varias debilidades y cometido algunos errores que no ha asimilado y no los ha corregido. Uno de sus problemas son los señalamientos que pesan sobre su gestión en la alcaldía, es una sombra que los acompaña; también su alejamiento de las bases nacionalistas que una vez lo apoyaron, le ha restado ese calor que todo político debe conservar. También el grupo de dirigentes cercanos, que desde hace muchos años lo rodean, han demostrado que lejos de aportarle lo llevan por caminos equivocados. Otro factor que ha pesado muchísimo son los señalamientos, que no me constan, pero sí los he escuchado de varias personas, en el sentido que él realizó la llamada campaña negra contra el movimiento Unidad y Esperanza, esto no fue público, pero sí sonó muy fuerte en los círculos internos del Partido Nacional. Esto último habría molestado muchísimo a sus correligionarios y traducido en el pobre apoyo en las urnas.

Ricardo Álvarez es de esas figuras políticas en las que en algún momento se cree pueden llegar a las máximas posiciones públicas, porque tiene potencial, capacidad y recursos para efectuarlo, pero que, por las malas asesorías y personajes poco “luminosos” que lo rodean, lo llevan al despeñadero. Él no ha sabido aprender de sus derrotas y eso es fatal para una persona y para un político, todos debemos aprender de los errores y efectuar cambios de conducta, el que no saca lecciones de sus fallas está condenado a seguirlas cometiendo. Veremos si de esta estrepitosa derrota, sufrida en las elecciones primarias, toma las enseñanzas pertinentes, Ricardo está joven, pero necesita un fuerte baño de humildad, sabiduría y renovación. En política, la pérdida no necesariamente significa derrota, siempre y cuando se sepa asimilar.

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