San Pedro Sula, Honduras
junio 21, 2021 7:19 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

MATALASCALLANDO: Peligro sobre ruedas

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Ing. Carlos Mata
cmata777@hotmail.com 

Dice la historia que allá por Comayagua, en los alrededores de una zona llamada Palos Pintados apareció un ser grisáceo, cabezón de grandes ojos negros como achinados, antenitas con un extremo en forma de esfera en la frente y once dedos en cada mano. Esto que refiero fue contado en una tertulia de familia, algo real, verídico. La cuestión es que dicho ser llamó con un chiflido desde el portón de la casa de don Tomás Chenkovich, descendiente de rusos escapados de la segunda guerra mundial y a saber cómo diablos vino a dar hasta las entrañas de nuestras montañas. Don Tomás escuchaba los silbidos y el perro sin raza –aguacatero- ladraba al ser cabezón con cara de pichingo de feria. Al salir vio a aquel extraño y lo saludó, el amigo se asustó y mandó a callar al perro, y en eso le dijo la clásica frase del hondureño promedio cuando es atendido por un dependiente: – ¿Qué deseaba?, a lo que le contestó: “Vengo en son de paz”.

El extraño le reiteró que era científico y que estaba estudiando el comportamiento humano por ser biológicamente retrasados en la escala evolutiva del Universo, además las coordenadas me indicaron que aquí podía hallar buenos ejemplares y las matemáticas no mienten. Vengo de la Nebulosa NGC-6969, de un planeta llamado Juanvendémelas… usted habrá oído hablar de esos lugares. No, para nada, le contestó.

Ante esto, don Tomás con mirada de duda le repreguntó si acaso no sería más bien un cobrador de la tienda de electrodomésticos. Mire –le dijo- todavía debo una tornamesa con el respectivo equipo de sonido con doble casetera, porque la semana pasada vinieron a dejar más cosas, incluido tres galones de potasa y un barril de carburo para pintar la cerca. ¿De la SAR? No hombre, tampoco soy de allí. Le pregunto eso porque en diciembre vino uno disfrazado de Rey Mago y fue ponga la que me hizo. Para nada amigo, solo estudio la psicología y la biología humana, si me permitiera pasar solo para ver su modus vivendi y modus operandi.

En eso el extraño ser empezó a husmear, se fue a ver la hornilla, abrió la refri, fue al inodoro y le haló la cadena, estuvo curioseando y en eso se topó con el televisor. ¿Todavía usan esos adormecedores?, sí que están atrasados ustedes. Hace diez millones de años que no los usamos, sí que están rejodidos. Al oír esto, el hijo de rusos le preguntó qué había pasado con su mundo, ¿les cayó la bomba atómica? Nada de eso, más bien ya se me hizo tarde, debo regresar a mi nave.

Don Tomás amablemente le dijo que le daría jalón en su carro nuevo. El extraño ser accedió. Caramba qué bonito carro tiene. Gracias –le respondió el hijo de rusos-, muy amable, lo compré de paquete en la agencia, virulito. ¿Me deja manejarlo? Don Tomás pensó que si manejaba una nave espacial perfectamente podría manejar uno de esos aviones que cuando uno lo vuela no se sabe si se está patas arriba o patas abajo. Le dijo que sí y le entregó las llaves. Al comenzar a manejar, ese ser extraño se saltó dos retenes, tres semáforos en alto, rebotó en dos cunetas y casi se lleva de encuentro una carreta de hot dogs.

– ¡Púchica! ¡Casi nos matamos, qué manudo es usted, señor!

– ¡Señora por favor!

Al fin de cuentas, todos los seres somos iguales en el Universo, la diferencia está en la escala evolutiva.

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