San Pedro Sula, Honduras
mayo 13, 2021 12:34 PM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

EL UNICORNIO IDEOLÓGICO: Sin confianza no puede haber democracia

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Héctor A. Martínez
sabandres47@yahoo.com 

En una sociedad con una democracia transparente, donde los ciudadanos tienen plena confianza en las instituciones electorales, las suspicacias sobre los resultados de unas elecciones no tienen cabida, ni a nadie se le cruza la idea de que los vencidos pretendan impugnar el desenlace de un proceso.

Recién celebradas las elecciones primarias en nuestro país, los ciudadanos acudieron al llamado de las autoridades con la intención de renovar las viejas y fosilizadas imágenes de los “representantes del pueblo” y con ello, tratar de moralizar, en la medida de lo posible, la deteriorada imagen de las instituciones del Estado.

Sin embargo, desde hace algunos meses, en el seno del Consejo Nacional Electoral se han dado una serie de episodios confusos que han echado al traste la confianza del público votante, que esperaba que las primarias se celebrasen con normalidad a pesar de la pandemia. En principio, porque el proceso de transmisión de los datos involucionó hacia los tiempos de la dictadura de Carías, pese a la efectividad de las comunicaciones modernas que habrían podido sustituir a los camiones militares y a los burros en las funciones de transportar las maletas electorales. Pero el mayor recelo radica en la publicación de los resultados, pese a la custodia militar y toda la parafernalia del resguardo tecnológico que no ha podido evitar la cantidad de protestas e impugnaciones que se han presentado en los tribunales electorales. En resumen: no aprendimos nada de los acontecimientos bochornosos del 2017, porque la tardanza y el silencio de las autoridades, ha desatado las suspicacias de los perdedores y del público en las redes sociales, lo que ha puesto en riesgo la legitimidad del mecanismo electoral.

La desconfianza hacia la política y hacia los políticos, pese a no ser ninguna novedad en el tablero de la vida nacional, en esta ocasión ha disparado las alarmas y ha puesto en guardia no solo a la oposición, sino también a los críticos y analistas que, a pesar a mostrarse ecuánimes en sus apreciaciones preliminares, no han podido evitar exponer valoraciones sobre los extraños e inesperados resultados. El asunto es más delicado de lo que suponen los políticos en el poder y los ciudadanos que votaron con la candidez de siempre, porque la desconfianza, aun cuando se muestra incandescente en tiempos electorales, y con el devenir de los días deja de ser noticia de primera plana, en esta ocasión, sospecho que ha venido para quedarse. Y ese fenómeno, desde el punto de vista institucional, tendrá repercusiones insospechadas en la política nacional, porque la desconfianza podría ocasionar alteraciones en la estabilidad del sistema social, encender las pasiones más inesperadas entre los vencidos, y alterar toda voluntad de cooperación entre los ciudadanos y los gobiernos.

Pero el efecto más tremendo de la desconfianza hacia el sistema político hondureño, es que, coyunturalmente, se han sumado a esta nueva crisis, los escándalos de corrupción, el impacto de la desidia de los gobiernos para manejar una economía sana y -derivado de ella-, el tema de la pobreza galopante cuyo saldo es el flujo migratorio de miles de compatriotas hacia los Estado Unidos. De ahí que la administración Biden se ha manifestado abiertamente hacia el rescate de la ética institucional para tratar de recuperar la confianza perdida de los hondureños hacia sus instituciones, lo que permitiría -de alguna manera-, disminuir los elevados índices de corrupción en el Estado.

Nada es aislado en un sistema social. El funcionamiento de las instituciones determina el progreso de una nación que, a su vez, influye en la calidad de vida de los ciudadanos. El bienestar de las mayorías es el fin último de la política y de la democracia; la única vía para mantener el crédito de la ciudadanía hacia el sistema. Sin confianza hacia las instituciones, es imposible crear las condiciones que se requieren para alcanzar la paz y la prosperidad.

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