San Pedro Sula, Honduras
mayo 13, 2021 12:51 PM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

La playa, la casa, la pandemia

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José Adán Castelar

Llega Semana Santa y todos felices, bueno, no tanto, porque ya no es lo que era; la sociedad que muchos hacían con el sol, las playa, los ríos, las montañas, los pueblos, los viajes, queda empañada porque el maldito coronavirus sigue allí afuera amenazándonos; y ese miedo de algunos al contagio se extiende en el pavor de otros a la ruina.

En otros países las vacaciones de verano duran un mes; otros se pasan con dos meses; pero en nuestra incombustible nación, apenas tenemos tres días, y solo los suertudos consiguen toda la Semana Mayor, eso sí, a algunos después les cobran los días. El asunto es que ese fugaz asueto sirve para que miles de pequeños negocios respiren.

En tiempos de crisis, lo primero que corta una familia es el gasto en ocio, recreación, vacaciones; en los países, como en las personas, pasa lo mismo, así que la pandemia, con su cuarentena obligada y el miedo a los otros, le dio un sablazo mortal al negocio del turismo; miles perdieron el empleo; cientos de negocios cerraron.

Los agrios datos de la pandemia dicen que en nuestro país el negocio de la hostelería y la restauración cayó hasta un 47% ¡increíble! casi la mitad de hoteles y restaurantes cerrados, y da algo de tristeza ir por ahí y encontrar las cortinas abajo en negocios que parecían prósperos hasta hace poco, y cuyos trabajadores se han sumado inevitables al temible desempleo.

En Honduras hay, más o menos, 1,200 pequeños y medianos hoteles -son mayoría- que entre ellos juntan el 80% de las habitaciones disponibles en nuestro país; sus propietarios, los que han logrado capear el temporal, desempolvan sus mostradores y los cuadernos para ver si esta Semana Santa logran poner algo en la caja registradora.

Quieren recuperar al menos parte de sus empleados, que lastimosamente tuvieron que dejar por la desocupación de sus negocios, que apenas llegaban al 20% de su capacidad, y así no hay manera de que un hotel, un restaurante, un comedor, puedan sobrevivir sin sobresaltos.

Aparte de los hoteles y los restaurantes, el efímero tiempo vacacional también permite a otros pequeños comerciantes algo de efectivo: desde el mecánico que revisa los carros antes del viaje, hasta los que venden frutas, helados, sombreros, pan de coco, sandalias, falsos Ray-Ban y pirateadas camisetas Adidas en las cercanías de las playas.

El otro extremo estamos nosotros, los clientes, los que vamos a asolearnos y a gastar; desde luego la crisis también nos ha dado un manotazo invisible, que nos hace medir cada lempira y establecer prioridades en las que, a veces, la playa no está incluida; además nos asusta el coronavirus.

El Sinager establece las normas para que vayamos con cuidado, pero nos recomienda que mejor nos quedemos en casa ¿entonces qué? Tal vez lo mejor es que no vayamos todos, y los pocos que lleguen, que sigan las medidas, que no olviden que la Semana Santa ya no es lo que era.

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