San Pedro Sula, Honduras
junio 21, 2021 4:02 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

SIN RODEOS: La historia se repite

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Edgardo Rodríguez 
Politólogo y periodista

En Honduras la historia se repite una y otra vez. Desde la llegada de las empresas mineras y después las bananeras norteamericanas, aquí se enraizó una tradición de intervencionismo “gringo” que no termina, a veces encubierto, pero muchas otras descarado. Solo en el primer cuarto del siglo XX se realizaron en total siete invasiones militares norteamericanas a nuestro país: 1903, 1907, 1911, 1912, 1919, 1924 y 1925. El servilismo de muchos políticos, empresarios y militares a la otrora gran nación del norte ha provocado que no se nos trate con respeto, que se viole nuestra soberanía y que en nuestro suelo se imponga la voluntad del “Tío Sam”.

A esa tradición histórica, poco patriótica, ahora también se ha sumado la mal llamada izquierda hondureña, que hoy clama por la intervención norteamericana en los asuntos internos del país, por los supuestos señalamientos contra el presidente Juan Orlando Hernández, en New York. Quién los entiende, a estos aprendices de revolucionarios, porque hasta hace muy poco, en las elecciones de 2017, condenaban las declaraciones de la entonces encargada de negocios del imperio, éstos practican la doble moral, no hay rectitud en sus supuestos principios anti imperialistas, se mueven al vaivén de sus conveniencias.

En los últimos meses, la intervención de los Estados Unidos en la política interna de Honduras pasó de ser discreta a abierta o descarada y por los vientos que soplan se incrementará en lo que resta del año. Hace unas semanas, un tal Dan Restropo dijo que ninguno de los actuales precandidatos presidenciales era digno de reunirse con Biden, qué altanería la de ese señor, como si aún viviéramos en los tiempos del imperio Romano. Fue tan desatinada esa expresión que se llevó de encuentro a los “consentidos de la embajada”, Luis Zelaya y Salvador Nasralla, ambos aspirantes a la máxima magistratura. Pocos días después, en una videoconferencia, a finales de febrero, la ex encargada de negocios, Heydi Fulton, dijo que Estados Unidos apoya a los que luchan contra la corrupción en Honduras, algo que muchos sabemos, pero que ella se encarga de legitimar el papel activo de ese país en los asuntos domésticos nacionales.

Y recientemente, el portavoz del Departamento de Estado, dijo: “En Honduras, estamos trabajando con la sociedad civil y el sector privado para luchar contra la corrupción y construir un futuro mejor para el pueblo hondureño”, ese fue otro reconocimiento claro de la intervención descarada en los asuntos internos, al viejo estilo de inicios del siglo pasado. Además, eso de decir que trabajan por “un futuro mejor” es una declaración altamente demagógica. Estados Unidos, hace muchos años que ya no coopera con Honduras en proyectos de desarrollo social o económico. Lo poco que aportan lo manejan ellos, a través de empresas gringas, creadas por ex empleados de USAID.

La historia mundial y latinoamericana ha enseñado que el gobierno norteamericano no tiene amigos, solo intereses, el que crea que las acciones de ese gobierno, sea cual sea el partido en el poder, obedece a nobles sentimientos hacia los hondureños, está muy equivocado. Como equivocados están los gobernantes complacientes con sus políticas, tarde o temprano sus supuestos aliados se convierten en sus víctimas. En esa línea de ingenuidad o torpeza están algunos políticos y empresarios de oposición, que hoy aplauden entusiasmados esa abierta intervención del Departamento de Estado en la política interna de Honduras, hasta la piden públicamente y la justifican diciendo que aquí la justicia catracha no actúa, en esto último tienen un poco de razón, sin embargo, vuelvo y repito, ningún pueblo digno, patriótico y soberano pone su presente o su futuro en manos de extranjeros, porque termina siendo vasallo de su supuesto protector.

El servilismo hacia los gobiernos de Estados Unidos no funciona, nunca ha funcionado para bien de los países que lo practican. Al contrario, los países, por muy pequeños que sean, que se plantan con dignidad ante los dictados norteamericanos, son respetados y no son tratados como vasallos, los ejemplos abundan. Por eso, los que hoy, desde la oposición política o alguna sociedad civil o empresarial, piden a gritos la intervención norteamericana están jugando con un “bumerang”, porque mañana serán ellos los que lamenten y denuncien esa política injerencista y nefasta. La historia se repite una y otra vez, lamentablemente hay hondureñitos que no aprenden la lección.

 

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