San Pedro Sula, Honduras
junio 21, 2021 8:03 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

El racismo de la reina de Inglaterra

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Otto Martín Wolf

Hace algunos años tuve la oportunidad de leer el más deplorable letrero que he visto en un lugar público. En un parque de la llamada zona europea en Shanghái, China se podía leer con toda claridad PROHIBIDA LA ENTRADA A PERROS Y CHINOS.

No era una sangrienta y sucia broma, durante la ocupación por parte de las llamadas Potencias Imperialistas -Inglaterra, Estados Unidos, Japón y Corea- los chinos eran tratados como parias en su propio país.

Algo de actualidad; una joven norteamericana de raza negra tuvo la fortuna -o el infortunio- de casarse con un descendiente directo de la Reina de Inglaterra. En una entrevista publicada recientemente declaró que el racismo en el Palacio era terrible, lo que finalmente obligó a la pareja a alejarse, quizás para siempre.

Dejó bien claro que no se trataba de la Reina en persona, pero del personal de palacio.

La pregunta es: ¿Quién dicta las normas de comportamiento?, ¿quién es el ejemplo a seguir en esa monarquía de cerebro carcomido?

¿Cuáles de sus lacayos se atreverían a dejar de obedecer servilmente las indicaciones de la Reina?

Cuando Inglaterra era una verdadera potencia mundial, con colonias en casi todas partes del mundo, la trata de esclavos era cosa común y corriente, aceptada por los reyes y la mayoría de sus súbditos.

Barcos con cargamento humano para ser subastado en los mercados de esclavos zarpaban constantemente de muchos de los países dominados por ellos.

La trata de personas, legal y libremente, era práctica de todos los días.

Parece que muchos no se dan cuenta que el mundo ha entrado en una nueva era, la época de la igualdad de razas que siempre debió haber existido.

Se conservan mentes carcomidas por la polilla de la superioridad racial no solo en el Palacio de Buckingham, pero en muchos lugares del mundo.

Aquí, cerca de nosotros, en algunos de los estados sureños de los Estados Unidos -y en otras partes de ese país- la discriminación racial sigue tan vigente como en otros tiempos más oscuros, exacerbada por hombres como Donald Trump quien una vez, al inicio de su campaña política, se refirió a los mexicanos como “delincuentes, violadores y malos hombres”.

Esa generalización es una declaración pública de racismo que, en otros lugares, hubiera terminado con la carrera política de cualquiera pero que, en ese caso, más bien sirvió para encumbrarlo hasta la presidencia, obviamente con votos conseguidos entre multitudes que piensan igual.

Y, ya estando ahí, trató a países como el nuestro de “Shithole Contries” sin que nadie se atreviera a quejarse.

Ese comportamiento llevó a los Estados Unidos a una división muy cercana a la que provocó la sangrienta Guerra Civil en el Siglo 19.

Grupos como los “Proud Boys”, “QAnon” y otros son solo una versión moderna del nefasto Ku Klux Klan que en épocas no muy distantes perseguía, linchaba y a veces asesinaba a negros, simplemente por el color.

Ni siquiera el haber tenido durante ocho años un presidente negro, que se comportó con un maravilloso temple, olvidando el color de su piel y los siglos de persecución y sufrimiento de su raza, pudo llevar al país por la recta final del perdón, olvido y unidad.

Siempre habrá Adolfos Hitler, con discursos racistas encendiendo cabezas de fanáticos, siempre habrá Donalds Trump, enamorados del color de su piel.

Es la esperanza, no obstante, que la mayoría que hoy tiende a dominar el sentimiento racial del mundo siga aumentando.

Ya es tiempo de dejar atrás la estupidez que aún parece consumir cerebros como el de la Reina de Inglaterra.

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