San Pedro Sula, Honduras
junio 21, 2021 6:27 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

MATALASCALLANDO: Manotadas de abogado

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“El hombre sabio no acumula. Cuanto más ayuda a los otros, más se beneficia él mismo. Cuanto más da a los otros, más obtiene él mismo”. Lao-Tsé. 

Ing. Carlos Mata
cmata777@hotmail.com 

Parménides Antunes de Coimbra, mejor conocido como “El Brasileño” –por su apellido- era venido del lado de Santa Bárbara a la costa norte por pura necesidad como la mayoría de los hondureños que aprendemos a migrar, primero de novia en novia, después de casa en casa para que no nos hallen los cobradores y después de ciudad en ciudad aumentando los cordones de miseria. En su niñez fue ayudante de una llantera que manejaba su abuelita (hasta fumaba habanos de lado la viejita, agarrados con los dientes y sin que se le apagara) que era diestra para cambiar ruedas hasta de rastras.

Parménides tenía un pequeño gran problema, en su desarrollo fetal la mamá comió de unas bayas venenosas y el niño al venir al mundo tuvo que ser por cesárea porque las manos le crecieron demasiado. Sus manos son desproporcionadas, parecen –dice la gente- que son del tamaño de un ring de 15 pulgadas sumado a que cambiaba llantas, pues, ya se imagina usted la fuerza de sus falanges. Tenía que saludar como los orientales con una ligera genuflexión pues nadie se atrevía a darle un estrechón de manos (así estamos saludando por la pandemia) y aprendió a leer y a medio escribir, a pesar de ello le entró el gusano de aprender y al final llegó a la UNAH en San Pedro Sula y se acaba de graduar de abogado, ahora en busca de hacerse notario.

Ágil como ningún litigante en los tribunales sampedranos y no había juicio que no ganara, ya la Fiscalía le echó el ojo para contratarlo y ponerlo en lo contencioso. El hombre iba ascendiendo como la espuma. Jamás olvidaba sus raíces y a su abuela que le enseñó el valor del trabajo a pesar de su fama y de su naciente fortuna. No olvida aquellas frías y lluviosas mañanas donde le llevaba el café en taza de barro cocido a la “abue” que lo sacó adelante y pasaban épocas de nostalgia que la gente creía que era bipolar, pero no, era puro sentimiento por su amada abuela.

Un día se organizó el cuchumbo navideño en los juzgados y le tocó darle regalo al que despacha la hoja de antecedentes penales y a la doñita del aseo. Pero como el amigo sabía de ser generoso, de manera sutil les dio algún detalle a todos sus compañeros sin excepción. Se puso buena la fiesta y como él no bebía alcohol (tenía un problema que no lo toleraba) pues no pasaba por esas experiencias que todos cuentan como si fueran actos de heroísmo: estar borrachos y decir sandeces además de hacer el ridículo.

La cosa se puso difícil porque no había llegado la cocinera y no hallaban quién hiciera las baleadas, las mujeres como siempre andaban repartiendo órdenes para mandar a colaborar y hacerlas, pero ninguna de ellas quiso. El abogado Parménides oyó el comentario y en silencio se oían palmadas como la clave del “Patacón Pisao” de Johnny Ventura. Pa pa pa papá, se oía, de repente aparecieron suficientes bocadillos para armar una nueva fiesta, el ambiente regresó, la alegría se elevó y todos felices gracias a las manos del abogado Parménides y sus manotadas palmeando tortillas.

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