San Pedro Sula, Honduras
junio 21, 2021 7:53 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

CUADRANDO EL CÍRCULO: El lobo, las “fake news” y la ministra

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Herbert Rivera Cáceres 

Para unos es una fábula -atribuida a Esopo- y para otros un cuento infantil. Se trata del “Pastorcito y el lobo” que relata el episodio de un pequeño pastor que gritaba “el lobo, el lobo” y los vecinos acudían para auxiliarlo, pero él se divertía con la farsa. Otro día, nuevamente gritaba: “Ahí viene el lobo, ya viene el lobo”, para asustar a la población que lo auxiliaba cuando gritaba, sin embargo, la sorpresa era grande cuando no encontraban lobo alguno solo al pastorcito disfrutando su mentira lo que indignaba a los aldeanos. Cierto día, el lobo sí se apareció y aunque el mentiroso gritó “llegó el lobo”, nadie acudió a salvarlo y el animal se lo comió y a los borregos también.

Fuera de esos relatos ficticios, no por ello vanos pues dejan alguna lección, en la realidad y con otro tipo de “borregos” – bípedos para mayores señas-, ocurre algo similar, solo que en lugar de un pastor de ovejas –no de almas, lucrativo negocio de bribones- hay una experta ya en difundir mentiras, “fake news” o noticias falsas.

En dos temas específicos la susodicha ha mostrado su expertís en cuanto a burlar y birlar la confianza de los hondureños cimbrados en sus ánimos e irritados hace meses por la consumada estafa con los hospitales de “oro” importados desde Turquía y además por las vacunas, que se ignora cuándo y de dónde llegarán y, que como regalo bíblico, este martes se supo arribarán como caridad ínfima desde Israel ante la indigencia superlativa en que se encuentra Honduras.

Ambas situaciones son sumamente delicadas pues tienen que ver con la vida y la muerte, esta última cada vez más frecuente por los cotidianos y numerosos contagios por COVID-19.

En el tiempo en que literalmente una mascarilla puede hacer la diferencia entre vivir y morir, los “hospitales turcos” no sirven para nada, sus ventiladores mecánicos tampoco y por si fuera poco desde hace meses se la llevan postergando el arribo de la vacuna temporalmente protectora contra el coronavirus.

Semanalmente o a diario hay anuncios siempre mentirosos al respecto, mientras en los países vecinos, con menos contagios y consecuentemente menos fallecidos, pero con funcionarios más diligentes y eficientes, desde hace semanas están vacunando y protegiendo la vida de sus ciudadanos.

Un breve repaso de la página oficial de la Secretaría de Salud en Internet de cuenta del anuncio del 26 de noviembre pasado en el cual se reportó de la supuesta gestión para adquirir dichos fármacos y se aseguró también que a través del Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19 (en inglés: Covax, COVID-19 Vaccines Global Access) se donarían dosis para el 20 por ciento de los hondureños, es decir, a un millón 890 mil 142 personas, señaló la cuestionada funcionaria quien agregó que se haría una compra para proteger a otros grupos en riesgo.

El 15 de enero reciente en esa misma página se aseveró que se tenía garantizado el 20 por ciento de las vacunas, otro 20 por ciento sería comprada con fondos rotatorios, y se planeaba además obtener 24 mil 762 dosis gratuitas de la vacuna de Pfizer para el personal, según la ministra de Salud.

Posteriormente, el 22 de enero, dicha funcionaria y representantes de la Organización Panamericana de la Salud, OPS, ratificaron que Honduras se preparaba para recibir la primera vacuna para finales de febrero, lo cual no ocurrió, o principios de marzo, lo cual parece sí ocurrirá por la caridad imprevista del Estado Judío.

La lista de falsas noticias aumentó el 30 de enero cuando el jefe del Estado aseveró que los fármacos arribarían el 15 de febrero. Nada pasó. Otra falsedad más. Los anuncios mentirosos se incrementaron el martes 16 de febrero cuando la titular de Salud Pública dijo que hasta en marzo se sabrá cuándo llegarán los fármacos a inocular; mientras la farmacéutica “AstraZeneca, que negoció con el Instituto Hondureño del Seguro Social (IHSS), anunciaba que sus inyecciones llegarán hasta mayo próximo.

Lo anterior, es apenas una muestra de cómo algunos funcionarios públicos en su embeleso y narcisismo se vuelven mentirosos compulsivos y dan declaraciones peligrosas con las que se pone en juego la vida de los demás por supuesto, no la suya.

No es nuevo semejante comportamiento en el manejo de la cosa pública, una muestra de cómo la mentira puede ser exitosa la dio Joseph Goebbels, ministro nazi de propaganda y apoyo fundamental de Adolfo Hitler, cuando sugería: “miente, miente, miente que algo quedará, cuando más grande sea una mentira más gente la creerá”, o “una mentira mil veces repetida se transforma en verdad”.

Las mentiras han existido siempre y no mentir es el noveno mandamiento de lo que no se debe hacer, según la Biblia, pero pese a ser un ordenamiento supuestamente divino, la falsedad infortunadamente siempre ha sido parte de la acción de gobernar.

Y faltan los escrúpulos en el ejercicio del poder, pues las mentiras, que se supone son castigadas por Dios, se manifiestan en toda la gobernanza y se presentan desde la candidatura hasta la toma del gobierno e incluso después.

Para los lógicos, hasta cierto punto es normal escuchar mentir a la clase gobernante o al partido en el poder acorde con el objeto que quieren ocultar y que puede ser el desfalco de las finanzas públicas u otros actos de corrupción, y de esa forma quienes gobiernan mienten perversamente para ocultar beneficios ilícitos.

En esa mitomanía –costumbre de ensalzar lo inexistente- se apela a las emociones brutas del electorado y los gobernados, descartando por completo cualquier resquicio de verdad y por más descabellado que parezca el mentiroso usa datos tergiversados y hasta inventados y así las mentiras se repiten hasta grabarse en la mente de la gente.

De esa manera la mentira es difícil de enfrentar y no hacerlo genera el riesgo que los poderosos la usen más allá de “lo aceptable”.

En ese caso, tan irresponsable es el mentiroso como los medios de comunicación que con el compromiso de la verdad –cada vez más ilusorio y hasta utópico- no confrontan la mentira y en lugar de hacer su tarea abren los micrófonos a las “fake news” proclamadas con la venida de la vacuna anti coronavirus y el funcionamiento inútil de los hospitales “dorados”.

Los cínicos, incluso, arguyen que con las mentiras protegen el bien público como la libertad de expresión, los empleos, la actividad económica y hasta la democracia.

Se añade que es claro que los medios de información son libres de meterle o darle micrófono al mentiroso de turno que les plazca o a quien les de su regalada gana pues también tienen la libertad de escoger a sus audiencias.

En descargo de la funcionaria vocera de las vacunas inconclusas, hay que decir que la dama ya demostró eficacia y eficiencia cuando dirigía un hospital en San Lorenzo, Valle, y así se esperaba una exitosa gestión en la Secretaría de Estado a su cargo.

Así las cosas, fácilmente se deduce que en los negocios y tranzas del Gobierno –como los dorados hospitales inmóviles, los inútiles ventiladores mecánicos y las hasta ahora inalcanzables vacunas- los que se involucran y deciden son otros y a ella nada más le encomiendan dar la cara para ser lapidada por la opinión pública.

Como toda fábula, la del “pastorcillo y el lobo” termina con una moraleja o lección moralizante, válida también para nuestra cotidianidad: “en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”. Igual ocurre en la no tan fabulosa realidad hondureña, donde la mentira se confunde con lo cierto y lo irreal parece verdad, quizás por eso recordé mis años universitarios en Tegucigalpa, cuando en la cátedra de Sociología aprendí que los pueblos tienen los gobernantes y los medios de comunicación que se merecen. Rotunda y lapidaria verdad esa.

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