San Pedro Sula, Honduras
julio 24, 2021 6:41 PM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

MATALASCALLANDO: Cuentas de vidrio

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“El problema, cuando se busca a la mujer perfecta, es que ella probablemente está buscando al hombre perfecto”.

Ing. Carlos Mata
cmata777@hotmail.com

Cuando la zona de Cofradía tendría más o menos un año de haber caído en manos de los conquistadores españoles, dicen algunas malas lenguas que don Iker Manolo de La Mancha, alias “El Gallego”, se estableció frente al parque, al lado de donde hoy funcionan las bodegas de compra de café, igualito que como muchos potentados se fueron asentando en la otrora Zona Americana de La Lima. Allí construyó un palacete (hoy es venta de abarroterías y calzones) donde se supone que mandó a aprovisionarse de chicharrón de Comayagua, vino de coyol desde el mero Olancho, así como queso patajuca y mantequilla rala, tustacas del mero Santa Rosa, viandas y vinos desde España en los barcos que atracaban en Omoa, en fin, quedó bien armado dándose la vida de todo un divo de Hollywood.

En ese entonces se mandó a comprar tres vehículos de alta gama (aunque aún no existían las carreteras). Habló con el sastre de la parroquia (era el que vestía a los santos) y le sacó fiado caros trajes de casimir palmeado a pagar en abonos y al capital si le pegaba a la lotería chica, que ya en esa época la anunciaba el reconocido Mario Rolando Suazo. Rodeado de sus fieles oficiales y adulado por una nube de sapos arrastrados, cualquiera hubiera dicho que era un influyente congresista o un distinguido candidato del Partido de Enmedio, en vísperas de elecciones. Siempre tenía a su servicio a la leal Tomasa (le decían “La Negra”, por la canción) que era la que le llevaba en orden los archivos y le servía de traductora ante tanto indio que había en la zona (y que aún hoy allí viven). En efecto, la joven y bella morena porteña no solo se limitaba a labores estrictamente burocráticas, sino que también le soplaba los chismes y todo chambre y cochambre a su alrededor, y de paso le cortaba el cabello y le cocinaba sus huevos para el desayuno, ya que el oficial gallego se había hecho fanático porque decía que le quitaban la goma, sobre todo si se los hacía cocidos con un puñito de sal y tres clavos de olor. Y en aquellos tiempos de desorden moral y borracheras era de rigor que el amigo se despertase crudo, con unas resacas de amarrar burros y trataba de buscar los huevos cocidos que le hacía Tomasa además de una buena sopa de capirotadas con abundante chile pico de pájaro, le encantaba comer con dolor a la vez que bebía agua como un camello.

Pero después de un gustazo (o muchos), un trancazo. A fines de 1711, don Manolo vio tristemente interrumpida su felicidad al recibir noticias de que había desembarcado en La Ceiba doña Severina, alias “La Implacable”. Era esta señora mujer de pelo en pecho y de muy arraigadas convicciones ultra conservadoras. Doña Seve era ambiciosa, dominante, rencorosa y turbulenta, voz de leñador. Hablaba más que un locutor deportivo, día y noche, con una quejambre y canción lúgubre que hubiera despertado a un muerto, se quejaba de todo y de nada y en dado caso contrario, lo inventaba. Era desconfiada y habladora, padecía de migrañas y agruras, era tacaña y lisa para meter en líos a los demás, vanidosa, autoritaria, gritona y fea. Y encima de todo ello, para desgracia del conquistador español, era su mujer legítima.

Adiós Tomasa, no hay mal que dure cien años…

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