San Pedro Sula, Honduras
abril 16, 2021 3:17 PM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

El lujo privado de enfermarse

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José Adán Castelar

La medicina en Honduras siempre ha sido cara: la pública, ineficiente; la privada, inalcanzable. Con la pandemia del coronavirus el negocio de enfermarse resalta en amarillo, y todos vivimos en la resignación del “a saber qué pasara” si en un mínimo descuido de mascarilla y gel, el temido virus llegara a asaltarnos.

Si la fiebre abrasa y los angustiados pulmones parecen explotar, el paciente ya está grave, y para ingresarlo en una clínica privada, con amable generosidad le avisan que debe depositar cincuenta mil lempiras como depósito, por cualquier cosa, por no decir, si no sale caminando, como llegó.

Resentida y todavía impresionada, una señora, que tuvo un familiar cercano hospitalizado por Covid-19, nos contó que en su hospital de siempre, donde confiaba a sus hijos y su propia salud, le pidieron una tarjeta de crédito con un límite de 50 mil dólares, para darle el “privilegio” de atender a su pariente.

En esos hospitales privados, si el virus es amable, por llamarlo de algún modo, y solo deja un ligero dolor de cabeza, alguna carraspera, las facturas “solo” incluyen algunos miles de lempiras, que crecen un poco por el control posterior a la enfermedad, y no le perdonan ni el uso del estacionamiento.

Algunos que pasaron por la Unidad de Cuidados Intensivos, recibieron respiración asistida, tuvieron que quedarse unas cuantas semanas en el hospital, y afortunadamente vivieron para contarlo, quieren enmarcar sus recibos, que pueden pasar de uno, dos o cuatro millones de lempiras.

Eso es un montón de dinero que, desde luego, muy pocos, poquísimos, hondureños pueden pagar sin endeudarse para siempre o vender hasta los muebles; y los que tienen capacidad para gastarlo, sin que esto les desacomode la vida, se sienten estafados, asaltados.

Como sabemos la crisis es mundial, en Europa, por ejemplo, la sanidad pública se apoyó en el sistema privado, acordado por los gobiernos, incluso lo llamaron “nacionalización de los hospitales”, algunos pacientes pasan de un sistema a otro y el Estado paga precios justos.

En un hospital privado de Madrid se pagan 2.486 euros diarios por la hospitalización de gravedad en la UCI, que son unos 72.000 lempiras; aquí en nuestro país, algunos han pagado entre 100.000 y 130.000 lempiras, y sobra detallar las enormes diferencias en la calidad de la atención, por los equipos y suministros médicos.

La pandemia ha ayudado a eliminar trámites, procesos, mezquindades en muchas partes; en algunos países se unieron los sectores públicos y privados -porque al final afecta a todos- para encontrar una solución práctica y posible que logre detener el maldito coronavirus.

Claro que los hospitales privados son negocios y -paradójicamente- viven de los enfermos, pero a veces los tiempos exigen sacrificios compartidos, que no parezca que, lejos de las solidaridad, hay quien saca partido de la crisis. Que esta vez no sea pedirles demasiado.

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