San Pedro Sula, Honduras
julio 30, 2021 7:26 PM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

SIN RODEOS: La guerra fría en el campo de las vacunas

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Edgardo Rodríguez
Politólogo y periodista 

Al parecer la guerra fría no terminó en 1989 con la caída del muro de Berlín, en algunas mentes aun palpita con cierta intensidad. Esa guerra entre Estados Unidos, Europa y Rusia ahora se ha trasladado al campo de las vacunas contra la COVID-19. Resulta que el solo anunciarse que Rusia había producido la primera vacuna contra el mortal virus, los medios de comunicación occidentales, como CNN, ABC, BBC y muchos otros, corrieron a descalificarla, sin argumentos científicos, más bien, eran argumentos políticos. Además de poner en duda la eficacia del fármaco, muchos acusaban al presidente ruso, Vladimir Putin, de utilizar la vacuna con fines propagandísticos.

Como se recordará el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya, ubicado en Moscú, desarrolló una vacuna contra el ébola y en el momento en el que surgió la necesidad de hacer frente a la gripe llamada SARS-CoV-2, su laboratorio tenía ya avanzado un proyecto vacunal contra ese mal, que es “el hermano más cercano del grupo de los betacoronavirus”. Explican los científicos rusos que el desarrollo de la vacuna Sputnik V no empezó de cero, tras la aparición del nuevo coronavirus, ya existía trabajo científico que estaba en fase muy avanzada, al que simplemente se le implementaron modificaciones.

Después de meses de una campaña contra la Sputnik V, el panorama parece que empezó a cambiar, ya que salió a la luz pública un estudio científico de los resultados inmunológicos de dicho fármaco, en la prestigiada y reconocida revista inglesa “The Lancet”, que confirma una eficacia de más del 91% y la ausencia de efectos adversos graves. Esto ha contribuido decisivamente a rebajar el clamor crítico contra el fármaco, y ha puesto en evidencia, retrospectivamente, la innecesaria difamación mediática y el amarillismo informativo que cundió como reacción primaria en Occidente ante la propuesta rusa para atajar la crisis sanitaria.

Tras la publicación de “The Lancet”, la vacuna rusa Sputnik V está venciendo poco a poco el escepticismo generalizado con el que fue recibida en la comunidad científica internacional. La vacuna rusa tiene muchas ventajas frente a los otros competidores. En primer lugar, es la de menor costo, tiene un altísimo nivel de efectividad, cuenta con la mayor facilidad de manejo en la cadena de frío ya que solo requiere permanecer 2 o 3 grados bajo cero. Puede ser aplicada a personas mayores de 65 años y hasta el momento no ha presentado efectos adversos a los pacientes que se la han aplicado.

Hasta este momento, varios países de Latinoamérica ya han adquirido la Sputnik V debido al alto costo de la Pfizer y Moderna, ello sumado al retraso en la venta por el acaparamiento de los países ricos. En la región ya la compraron México, Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Argentina. Y están por recibirla Paraguay y Panamá.

No intentamos hacer una apología de Rusia, ni menos de Putin, que tiene muchas cosas terribles que le podríamos señalar, no, el punto aquí es no caer en las telas de araña de la época de la guerra fría o en la rusofobia de algunos. Hay un enemigo común que es la COVID-19, que se debe atacar con las mejores armas disponibles en el mercado. En Honduras solo la élite del Colegio Médico ha anunciado contactos con la empresa rusa para adquirir dosis suficientes, pero únicamente para sus agremiados. Se ha especulado que a nivel de Gobierno se ha tenido acercamientos con Rusia para ver la posibilidad de adquirir la Sputnik V, sería conveniente que los voceros oficiales confirmen o desmientan esos rumores, ya que es aspecto de alto interés ciudadano en la lucha contra la pandemia global.

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