San Pedro Sula, Honduras
marzo 5, 2021 4:41 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

Biden y la expectación del inmigrante

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José Adán Castelar 

Que el gobierno de Estados Unidos lo tengan los demócratas o los republicanos, para nosotros da igual: la política de esa nación hacia nuestro país ha sido la misma en cien años, con ligeras variaciones; pero el anuncio de una reforma migratoria del equipo del nuevo presidente Joe Biden podría tener un impacto social importante en Honduras.

Ya han intentado la reforma infructuosamente otros presidentes estadounidenses, aunque nunca quedó claro si era solo demagogia o una verdadera intención de regularizar la situación de unos 11 millones de personas, con unos cuantos miles de hondureños incluidos, que viven y trabajan en ese país como si fueran nacionales.

Si esto ocurre y Biden de verdad se desmarca de la política provocadora y belicosa de Trump, los primeros en respirar profundo serían los hondureños que hace una veintena de años se quedaron con el TPS, el famoso Estatus de Protección Temporal, un paraguas que protegía de deportación a víctimas de guerras o desastres naturales.

Nuestros compatriotas llegaron por esto último, después de que el huracán Mitch desolara el país en 1998. Este oficio de palabras nos permitió visitarlos varias veces, nos contaban que su sueño era obtener la “green card”, la residencia permanente, estar en el censo; y el programa temporal se convirtió en duradero, pero incierto, para renovarlo cada año.

En principio eran como 100 mil, que se repartían entre Los Ángeles, Washington, Nueva York, Miami, Dallas, Houston, Nueva Orleáns, y poco más; compartían esperanzas y miedos. Algunos regresaron, hartos, sin dinero; otros se casaron y resolvieron; ciertos consiguieron papeles; varios fallecieron en la espera del truncado sueño americano: ahora solo quedan unos 44 mil.

Estuvimos con ellos en sus reclamos, protestas, frente al Capitolio (sin asaltarlo); conocimos a otros que las luces de Hollywood no iluminan; y a los que viven en la conurbación, en los suburbios de las grandes ciudades, para que la Migra no los encuentre.

Y hay otros hondureños que también duermen esperanzados, entre tantos inmigrantes, en la reclamada reforma migratoria, les llaman soñadores, “dreamers”; llegaron como niños y de forma irregular a los Estados Unidos: viven, estudian, trabajan, como los de allá, no saben nada de acá; algunos nunca han venido, y solo los protege otro programa temporal, el DACA.

Esta vez confían más en que hay sueños posibles, no solo porque Biden quiere marcar una decidida diferencia con Trump, sino porque que las inquietantes elecciones le dan al Partido Demócrata, el del nuevo presidente, el control de la Cámara de Representantes (Congreso) y el del Senado, para tomar decisiones, aunque sus adversarios republicanos muestren los dientes.

El nuevo gobierno también anuncia la reunificación de las familias separadas en la frontera. Desde luego, esto no es para alentar las caravanas, porque no tienen nada que ver. Los beneficios -si ocurren- serán para los que llevan años allá, que trabajan y se volvieron indispensables, y algunos que están protegidos por esos programas temporales. La zona fronteriza seguirá dura, con sus guardias hostiles, persecutorios y el trayecto temerario.

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