San Pedro Sula, Honduras
junio 21, 2021 7:19 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

MATALASCALLANDO: De ‘gourmet’ al amor vacío

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«Puedes vestir el brunch con toda la focaccia, salmón ahumado y caviar del mundo, pero sigue siendo un desayuno». Anthony Bourdain. 

Ing. Carlos Mata
cmata777@hotmail.com 

Era más huraño que una ardilla en celo. Don Filiberto odiaba a la humanidad, le despertaba aversión conocer gente, era un ejemplo de misántropo como de colección. Era de esos tipos huidizos. Tenía un pequeño negocio en el mercado central de compra y venta de libros nuevos y usados y en el camino de regreso a su casa, lo recorría a pie para no entablar contacto en los buses esos que vas siempre atestados, frotándose y apretujados, sobre todo los unos con las otras. Al ir de regreso ni siquiera entraba al estanco de la esquina, como lo haríamos los seres normales y terrenales.

Doña Yolanda siempre agradecía al cielo que su marido fuese así, hogareño y taciturno, que no se revolcara con la chusma, ya que no era de esas mujeres sufridas como sus vecinas que les tocaba andar revisando pantalones, camisas y hasta teléfonos celulares mal parados por ahí para ver los chats del maistro. A esas edades como que uno vuelve a sentirse como mozalbete y se las tira de actor de telenovela mexicana.

Doña Yola no tenía que andar aguantando las llegadas de madrugada que soportaban sus amigas, con el viejo oliendo a anís, cantando mamarrachos estilo Javier Solís como si fuera serenata destemplada, subirlo en hombros a su cama y quitar calcetines sucios. No… doña Yola era dichosa en ese aspecto. La verdad es que la única afición que tenía doña Yola era leer todo libro, texto, novela, folleto que caía en la librería de su marido, ya que éste se los iba prestando como si fuese gesto de delicadeza y vaya que así fue ya que la vieja poco a poco se fue convirtiendo en un monstruo de la erudición, aunque nunca la sacaba ni a darse aire al traspatio.

Cada vez que la doña soltaba la lengua, dejaba ir una andanada de léxico y elocuencia que ya quisieran los precandidatos hondureños, presentador de televisión o radio, tener. Pero el viejo no valoraba eso y más bien esa actitud lo despachó al más allá. Cierto día, cuando le preparaba garnachas al viejo, le decía con las mejores florituras del idioma que las había confeccionado a partir de las mejores cosechas de Zea mays, transportadas en finos carruajes de distribución, seleccionados con manos santas y beatas, con los mejores condimentos de las altas montañas del Bajo Aguán y los Phaseolus vulgaris, traídos desde las pampas olanchanas, seleccionados con esmero, fruición, alegría y alevosía.

– Bueno, decía don Fili, mordiendo incómodamente la tortilla tostada arremansada con frijoles refritos.

– Viejo, aparte, el molino te regala cupones intercambiables para ganar premios en el programa del domingo al mediodía. Dan motos y bicicletas. Si gano allí una, te la regalo para que ya no andés a pie.

La cosa es que corrió el rumor que al don no le gustaba mucho la cocina de la dama, a pesar de su cultura amplia, y ella en venganza decidió prepararle una sopa de res con un toque de laxante. El viejo se la tomó con gran hambre, pero a la doña se le pasó la mano. Don Filiberto pasó a mejor vida.

Después de los responsos y cabo de año, la doña solo pensó “ahora puedo ir a buscar pareja, pero seguro habrá alguien en la Sociedad de Poetas del Valle de Sula, de esos que sí entiendan de la haute cuisine y no digan leperadas a mis espaldas”. Dicen que la han visto buscando pareja en los pasillos de la universidad.

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