San Pedro Sula, Honduras
julio 30, 2021 8:58 PM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

EL UNICORNIO IDEOLÓGICO: Solo con sacrificios puede haber desarrollo

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Héctor A. Martínez
sabandres47@yahoo.com

El desarrollo económico y social de un país no llega a través de promesas de campaña ni por medio de recetas precocidas por los tecnócratas de los organismos mundiales de crédito. En un país tan pobre y atrasado como Honduras, necesitamos una nueva estirpe de cerebros privilegiados cuyas intenciones primarias sean poner en ejecución, no esas fórmulas prefabricadas en el seno del Fondo Monetario Internacional, sino los planes que, por sectores y rubros, condensen en un solo objetivo, las metas para alcanzar el crecimiento económico, es decir, para generar la riqueza, antes de distribuirla equitativamente en los presupuestos de las instituciones estatales. Si esto sirve de referencia, necesitamos salir, de una buena vez, de los últimos lugares de la tabla del “Doing Business” que emite anualmente el Banco Mundial.

Después de casi doscientos años de vida republicana, el 48 por ciento de nuestra población vive en la pobreza y el 23 por ciento en pobreza extrema; entonces, algo fundamentalmente malo está pasando en el país. Como en toda auditoría histórica que exige datos para esclarecer el punto de partida, debemos admitir que el Estado y las instituciones que gravitan alrededor de su órbita han dejado de hacer la tarea de impulsar los cambios necesarios, porque seguimos echando mano de las mismas estrategias obsoletas del pasado. La esencia del atraso social consiste en ofrecer soluciones erradas cuando las necesidades sociales son otras, y eso es lo que está pasado en Honduras.

Buena parte de la culpa la tiene un sector de la empresa privada que se ha acomodado a las conveniencias políticas para seguir gozando del proteccionismo estatal. Esa mala costumbre de los mercados cautivos y de ejercer el poder económico por sobre el político, ha contribuido a detener, en cierto sentido, el crecimiento económico. Cuando los gobiernos se interesan más en los intereses de grupúsculos influyentes, la democracia se convierte en una caricatura y en un remedo de participación social, muy a pesar de la riqueza natural y del capital humano, muy a pesar de las virtudes emprendedoras de la gente que busca cómo salir adelante en medio de una maltrecha economía cuyo infortunio no parece tener fin.

Ya no podemos seguir esperanzados a la “buena fe” de los políticos, aunque la política sea la opción primera para impulsar los cambios sociales y económicos; pero, de nada sirven las reformas electorales, si las élites de nuestro país y el Estado -a través de sus instituciones, campeonas de la deficiencia administrativa-, no muestran el mínimo interés en desarrollar una estrategia de crecimiento económico a largo plazo. El Estado no puede seguir atribuyéndose el desarrollo social, sin el respaldo económico que proporciona el mercado; y, si el mercado no genera la riqueza, no vamos a lograr sobrevivir como sociedad, en los próximos años.

Se necesita remozar con urgencia las instituciones cuyos servicios representan un martirio para los usuarios; desarticular las que sean ineficientes, y marcar con el sello de la despolitización a los cuerpos de seguridad ciudadana, fiscalías y tribunales de justicia, cuestionados todos por tratarse de meras figurillas conectadas a los designios orwellianos del poder estatal. La economía no puede florecer con instituciones marcadas con el sello de la corrupción.

Necesitamos un gobierno que exija una ardua competencia a la empresa privada y que, a su vez, ofrezca un ambiente de seguridad jurídica para atraer la inversión, interna y extranjera que contribuya a alcanzar un crecimiento económico anual mayor que la tasa de crecimiento poblacional. Desde luego que ese gobierno encontrará valladares de toda especie, una férrea oposición política y un probable rechazo de la población en los primeros días de la ejecución de sus programas. Pero, ningún país ha alcanzado el éxito sin sacrificios y, para sacrificios, nuestra población ya se encuentra bastante inmune. Una más ¿Qué más da?

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