San Pedro Sula, Honduras
julio 30, 2021 7:56 PM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

EL UNICORNIO IDEOLÓGICO: Ante el abstencionismo, los cambios sociales

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Héctor A. Martínez
sabandres47@yahoo.com

Con entusiasmo de fanático, le pregunté a un par de amigos si estaban siguiendo los resultados de las elecciones en los Estados Unidos celebradas el martes recién pasado, mientras el huracán Eta comenzaba a hacer estragos en el Valle de Sula. El resultado de mi pesquisa fue la siguiente: cuatro de ellos se entretenían viendo un partido de fútbol, y tres permanecían embelesados con películas en Netflix. Nada de política: todos concordaron en que las elecciones y yo, nos podíamos ir al carajo en ese momento.

Deploro las conductas de mis amigos, no porque se trate de las elecciones más seguidas del mundo, sino por la indiferencia que los hondureños les han tomado a los procesos electorales. La razón es simple y llana: la desidia es el resultado de un esfuerzo estéril que se genera entre la acción de votar y el efecto que produce ese acto en las vidas de los ciudadanos: el saldo es negativo. Es como si una persona ahorrara un porcentaje de sus ingresos, y que la cuenta, en lugar de verse aumentada por los intereses, disminuyera mensualmente. Visto de esta manera, todo depósito carecería de sentido alguno. Es lo mismo que sucede cuando votamos: la tasa de retorno electoral en nada cambia nuestra existencia, al contrario: la desmejora.

A medida que pasa el tiempo, el abstencionismo, la decepción electoral y la pérdida de la confianza en el Estado se han convertido en los elementos distintivos de los procesos electorales en casi toda América Latina. Se trata de una reacción a la “mentira democratizada”, y un castigo por la falsedad institucionalizada que existe entre discurso y acción, entre lo que promete el político y los efectos vanos de sus promesas de campaña.

A pesar del desánimo la gente sigue participando con entusiasmo jubiloso como si se tratara de una final de un Mundial de Fútbol. Sería una hipocresía afirmar que la gente vota por patriotismo y fidelidad al sistema. En realidad, se trata de un acto de fe cristiana; un cacho de esperanza para “los de abajo”, como diría Mariano Azuela, para ver si el milagro se produce un día de estos. Lo que los ciudadanos ignoran es que, detrás de esa papeleta, existe algo que va más allá de los candidatos y los partidos y que no puede distinguirse a simple vista. Es lo que Elías Canetti llamó “El núcleo más interno del poder”, para referirse a los grupos que se resguardan detrás de las decisiones de los partidos. Son las mismas “élites de poder” que mencionaban Pareto y Wright Mills, es decir, los grupos económica y políticamente poderosos que tienen una notable influencia en la política de un país, influencia que puede encarrilarse hacia el conservadurismo, por un lado, o hacia la modernización de la sociedad, por el otro, dependiendo de la mentalidad reformista de sus líderes.

Son esas élites las que tendrán que sugerir el camino a seguir para que los políticos puedan efectuar los cambios institucionales, sobre todo, si tomamos en cuenta el nivel de descontento popular que se vive en el país y que se traduce en la apatía y en la baja participación electoral de los últimos tiempos. Y eso no es un buen síntoma. Las reformas no deberán confundirse con el “makeup” institucional, típico de los gobiernos mal asesorados que infravaloran el potencial y la energía guardada en los ciudadanos hastiados de la mala calidad de vida. La profundidad de los cambios dependerá del nivel de prudencia y de la capacidad para tomar decisiones de los líderes que nos gobiernan en este momento, quienes deberán definir los plazos, a partir de la fecha, con un horizonte no menor a los cinco años, sin importar el gobierno, la doctrina o el partido.

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