San Pedro Sula, Honduras
octubre 19, 2020 11:43 PM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

Mansiones verdes

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Otto Martín Wolf 

Des­de la dis­tan­cia del tiempo es di­fícil determinar si se trató de mansiones o prisiones verdes. Como un ejercicio mental recordemos que la Honduras de la época del “en­clave bananero” es ahora habitada por los descendientes de quienes vivieron en aquella época. Somos los mismos, sus hijos, nietos y bisnietos.

No somos una raza diferente, después de la destrucción de la in­dustria bananera no fue que noso­tros venimos del espacio exterior, somos los descendientes.

¿Cómo fueron las cosas en aquel tiempo? Como cualquier empresa en la actualidad las ba­naneras invertían dinero y que­rían dividendos. Ni antes ni aho­ra, nadie trabaja por amor al ar­te. Era una industria nueva, tenían que enseñar a la gente a trabajar mientras se diseñaba; antes de las bananeras la siembra del ba­nano era casual y empírica. No eran muy diferentes a las maqui­las de nuestro tiempo, donde se enseña a la gente a realizar una labor, se exige calidad y eficien­cia y se paga por el servicio, co­mo es lógico lo menos posible.

Cuentan los ancianos que las empresas construían barracas para los empleados solteros, las que seguramente eran mejores que las propias casas que habita­ban los que no trabajaban en las bananeras, a juzgar por las cho­zas de plástico y cartón en que -lamentablemente- viven algu­nos de los descendientes.

Capataces, “time keepers”, gerentes de finca, etcétera, dis­frutaban de más comodidades, dependiendo del rango, pero és­tos también eran hondureños, no eran extraterrestres.

Se les asignaban casas, con ropa de cama, loza, equipo de co­cina y demás.

También había escuela pa­ra los hijos, servicios médicos, transporte en los trenes de la compañía. En ese tiempo ener­gía eléctrica y teléfono no exis­tían por parte del Estado, todo lo que había, incluyendo calles y carreteras, lo hacían las banane­ras. (Todas las líneas de tren que existen en el país, abandonadas, saqueadas o funcionando fueron hechas por las bananeras). Cla­ro que se exigía trabajo, mucho trabajo, de eso se trata el asunto. Cualquiera que tiene que lidiar con un empleado en la actualidad sabe lo difícil que es ser patrón, las muchas mañas y la poca honradez de algunos. No es muy distinto de lo que vemos ahora, somos los mis­mos. Las “prisiones verdes” eran lugares de trabajo y trabajo duro, con nuestro clima difícil, huraca­nes e inundaciones y enfermeda­des tropicales severas, especial­mente cuando no se conocía la vacuna para la fiebre amarilla o cura para el paludismo. (La ma­yoría de los servicios médicos, cirugía y medicinas eran propor­cionadas por las bananeras.)

Sin embargo, se vivía bien, al menos mejor que los que no trabajaban en el banano. Los sa­larios que se pagaban en aque­lla época son superiores -ajusta­dos al tiempo- a los que se pagan ahora. No había tales “prisiones verdes”, solo centros de traba­jo y trabajo duro, pero bien pa­gado. La huelga del 54 marcó un cambio en el destino de Hondu­ras. El resultado -en un rápido viaje en el tiempo- fue que per­dimos la industria bananera, el desarrollo vertiginoso se detuvo, las compañías emigraron a otros países menos conflictivos y hoy nos vemos consumiendo bana­nos importados. Nosotros, que llegamos a ser los primeros pro­ductores del mundo.

Así es como fue, no hubo pri­siones verdes ni tampoco man­siones, solo centros de trabajo y producción.

En las escuelas se nos ha ense­ñado diferente, quizá no la rea­lidad, si no lo que ordenan los intereses políticos de algunos profesores. Algo pudo haber si­do cierto, pero no todo, no tan radical. Recuerde: nuestros ma­reros, drogadictos, borrachos, ca­pos de la droga, gobernantes co­rruptos, asaltantes y violadores, así como los hondureños buenos y honrados, todos somos los mis­mos, somos sus descendientes. No nos hicimos malos por las banane­ras, tampoco buenos, simplemen­te fuimos y somos quienes siem­pre hemos sido y seremos.

Anuncio: Mi novela “Amos del Trópico” presenta un panorama real, muy bien documentado, de lo que fue aquella época, de venta en Amazon –impresa- y en Kind­le, español e inglés.

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