San Pedro Sula, Honduras
octubre 26, 2020 1:57 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

AÚN ESTOY VIVO! Últimas palabras de Morazán

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Ilsa Trinidad Díaz Espinoza
ilsadiaz_zelaya@yahoo.com 

Tuve una maestra de Historia y Estudios Sociales que siem­pre la recuerdo. Se llamó Rosalinda Mondragón Herrera, parte de una distin­guida familia y de un grupo de hermanas que en su kínder de­jaron huellas en nuestra ciu­dad a muchas generaciones de mediados del siglo pasado.

Recordando sus relatos que nos hacían vivir mo­mentos históricos de nues­tra Patria y de los héroes, la “Niña Chindita” relataba la muerte de Francisco Mora­zán Quezada, con gran sen­timiento, ya que las her­manas Mondragón Herre­ra, eran sobrinas de don Dionisio de Herrera quien fuera el padrino espiritual y militar de nuestro héroe cuando éste sirvió como secretario particular y fue allí donde Morazán, un au­todidacta, se instruyó en la Biblioteca de Herrera, con­siderada una de las mejores de Centroamérica, apren­diendo varios idiomas y preparándose para los de­licados cargos que ocupó más tarde en los años que fue Presidente de las Pro­vincias Unidas de Centro América.

Morazán había llega­do con un ejército a Cos­ta Rica para someter una sublevación de parte de un grupo de españoles y portugueses, más que ti­cos, quienes lo sometieron en su cuartel general don­de contaba con unos cua­renta soldados salvadore­ños y la compañía de Ca­bañas, Villaseñor y otros que le seguían por toda la región defendiendo la uni­dad de los pueblos centro­americanos.

Una vez capturado, Mo­razán tuvo tiempo de re­dactar su testamento, a la tarde fue llevado al pare­dón de fusilamiento, era una tarde triste de un quin­ce de septiembre de 1842, alrededor un grupo de ciu­dadanos hombres y muje­res pudieron ver a Mora­zán sereno, vistiendo una elegante levita negra, la que se abrió con sus dos manos firmes, dejando al descubierto su pecho. Se­gún relata el historiador Miguel Ortega, nuestro héroe solicitó permiso pa­ra dirigir el batallón de fu­silamiento, hasta se tomó el trabajo para corregir a uno de ellos su puntería.

Llegó el momento, y Morazán con voz fuerte y serena ordenó a la escua­dra del pelotón que le qui­taría la vida: “¡Preparen armas, apunten!” Se escu­chó su voz fuerte de man­do, Villaseñor a su lado ca­yó inmediatamente muer­to, de pronto entre el humo de las armas se vio a Mo­razán levantar la cabeza y decirles a sus victimarios: ¡AÚN ESTOY VIVO! Ca­yendo definitivamente a la segunda descarga.

Nuestra maestra nos de­cía, sí, el aún vive en el al­ma y corazón de los pue­blos que lo recuerdan, de los militares y ciudada­nos comunes que de vez en cuando visitan su tum­ba en San Salvador donde él pidió que descansaran sus restos.

Nosotros, buscando en­tre tantas historias y co­mentarios, nos queda­mos con este de José Mar­tí quien escribió de nuestro paladín lo siguiente: “Mo­razán era un genio, podero­so, un gran estratega, ora­dor y verdadero estadista, quizá el único que ha pro­ducido la América Cen­tral”.

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