San Pedro Sula, Honduras
octubre 21, 2020 1:30 AM

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CLIMA SAN PEDRO SULA

FRANCAMENTE: Mercado Guamilito

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Ilsa Trinidad Díaz Espinoza
ilsadiaz_zelaya@yahoo.com

Con profunda tristeza y sentimiento, co­mo si hubiera perdi­do algo muy cercano en mi vida de sampedrana por nacimiento, haré recuerdos de mi querido mercado Guamilito, construido hace 54 años que re­cientemente sufriera un incen­dio, y pese a las grandes pérdi­das y el dolor de sus ocupan­tes, el fuego no pudo con la es­tructura singular que todos han respetado.

El recordado alcalde Félix Guillermo Gutiérrez (I966) fue nombrado por el general Juan Alberto Melgar, entonces je­fe de Estado, como alcalde de la ciudad. Años atrás, en el go­bierno de don Felipe Zelaya, se había contratado a una empre­sa mejicana Bendaña, Costabal y Asociados, los que hicieron el primer Plan Regulador de la ciudad. En seguimiento al plan, don Guillermo, que me había nombrado la primera secreta­ria de Relaciones Publicas, me involucró en todas las activida­des que realizó, como fueron el edificio viejo del aeropuerto La Mesa, cuya primera pista ya es­taba construida, construyó las primeras escuelas rurales en el Merendón, adonde fuimos a lo­mo de mula, y participamos en las diferentes etapas de la cons­trucción del mercado. Al fin, se llegó el día de la inauguración del mercado Guamilito, en el sitio, señalado por los mejica­nos, y su diseño criticado por algunos de aquel tiempo tam­bién. Además de los diferentes puestos, se construyó una guar­dería y jardín infantil para los hijos de los locatarios, organi­zada por doña Martita de Gu­tiérrez que también instaló va­rios comedores infantiles en la ciudad.

Poco a poco, el mercado se convirtió en visita obligada por los vecinos, allí comprá­bamos el queso más rico, y las tortillas recién hechas, las fru­tas y verduras del Merendón y de otros sitios de la ciudad, al sur del mercado se instala­ron las artesanías, la mayoría hondureñas, pero se encontra­ban salvadoreñas y guatemalte­cas, varios artistas acudían para hacer sus obras. Eran la atrac­ción de los turistas. Yo conser­vo mis “chancletas” y una car­tera de puro cuero, miniaturas de la Navidad, y un gallito de Benito Martínez en mi coci­na, las tortilleras poco a poco se fueron instalando en la par­te frontal y atrás quedaban las carnes, quesos, deliciosos chi­charrones. Muchos sampedra­nos visitábamos la famosa ca­fetería y comedor de Estelina, con aquellos desayunos, visita obligada de los políticos de tur­no, don Agustín Tábora saca­ba de apuros al barrio con una bien surtida trucha, doña Flo­ra de Cásquele (QDDG) orga­nizó a los artesanos, en las afue­ras estaban las vendedoras de flores, especialmente María y muchas compitiendo con be­llos arreglos de flores, traídas la mayoría de Costa Rica y Guate­mala. En la octava avenida ha­bía de todo, mis amigos del Me­rendón venían a vender y doña Gilma Santos ya fallecida y yo éramos clientas casi permanen­tes, allí mismo, estaba la peque­ña Karla Arriaga, un día me di­jo que quería ser diputada y lo es ahora.

Afortunadamente, el al­calde Calidonio, el presidente del Congreso y los diputados de Cortés, han prometido su restauración y el pueblo sam­pedrano en general, estamos moralmente obligados a re­construirlo lo más pronto po­sible, porque el mercado Gua­milito tiene que recuperarse con más alegría y entusiasmo que nunca, como parte impor­tante de nuestras vidas. Acom­paño en su tristeza a todos los que han perdido, pero mientras hay vida hay esperanza.

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