Cuando hay grietas en mi fuerza de voluntad – El País

Cuando hay grietas en mi fuerza de voluntad

21 noviembre, 2019 | 4:10 am | Columnistas
Cuando hay grietas en mi fuerza de voluntad

Enrique Zaldívar
2050 Comunicaciones 

Existen personas con una admirable determinación. Una fuerza de voluntad ex­cepcional para lograr todo lo que se proponen. Y habemos otros, que nos cuesta tanto, que muchas ve­ces al rendirnos lo que decimos es “No tengo suficiente fuerza de voluntad”.

La fuerza de voluntad es un mo­tor en la naturaleza humana que nos separa del resto de las creaciones, ya que nos impulsa a hacer y crear cosas que nunca nadie hubiese imaginado. Es la fuerza de voluntad para bajar de peso lo que nos hace restringirnos de chucherías y otras cosas cotidianas. Es la fuerza de voluntad lo que hace que algunas personas se desvelen es­tudiando para sacar una carrera con excelencia.

La fuerza de voluntad separa a las personas, entre quienes hacen cosas extraordinarias y quienes viven aco­modadas a la ley del mínimo esfuer­zo que como sabemos, está muy alar­gado en nuestra cultura. La fuerza de voluntad puede salvar vidas. Puede construir imperios. Puede discipli­narlo. Pero lo más importante: Pue­de mostrarle de todo lo que usted es capaz.

El asunto es que muchas veces, esa fuerza de voluntad está llena de grietas. Como en una pared. Que se va acumulando y cuando menos acor­damos, derrumba aquello que un día fue construido de manera firme y só­lido. Nunca prestamos atención a las grietas. En la Biblia, a esas grietas le llaman “Pequeñas Zorras” en los ne­gocios, le llaman “Puntos ciegos”. To­dos lo tenemos y todos deberíamos ser autocríticos en ver qué áreas de nuestras vidas tienen esas grietas.

La importancia de ello es que una grieta, muestra una debilidad. Y muestra de ello se refleja en una de las historias que fue hecha película y no hace mucho estuvo en las salas de ci­ne. Me refiero a “300”, la película san­grienta de los espartanos musculosos y determinados. Luchaban contra el ejército del Rey Xerxes, el cual por su gran número de soldados, borra­ba todo lo que encontraba a su paso. El Rey espartano “Leonidas” no pudo vencerlo, pero logró algo importantí­simo. Lo hirió.

Esto simbolizó algo que elevó la moral a tope del resto de los esparta­nos, ya que Xerxes, se autoproclama­ba un Dios. Magnánimo y misericor­dioso. La herida que le ocasionó Leó­nidas mostró que no lo era. Que era humano y sangraba. Exhibió su grie­ta, mostró una fisura que subió la mo­ral de todo.

Lo mismo podemos decir del pre­sidente Winston Churchill, cuando le tocó ser el que le pusiera un freno al mismísimo Hitler. Asumiendo la pre­sidencia en un momento crítico, por lo terco y obstinado (muchas veces la gente con una gran fuerza de voluntad lo parecemos). Él decidió que el Reino Unido no se entregaría, ni se rendiría, a los feroces ataques de la gran amenaza de la segunda guerra mundial.

¿De dónde viene la fuerza de vo­luntad? ¿Y cómo podemos construir­la si no la tengo? La fuerza de voluntad viene de la conciencia que usted tie­ne de sí mismo. Una autoestima sana. El no dejarse impresionar por perso­nas y circunstancias, sabiendo que to­do es aprendido. Sabiendo que no to­do lo que brilla es oro. Y que el ser hu­mano es capaz de crear y hacer cosas inimaginables, de allí viene esa gran motivación interna. “Si él pudo, segu­ramente yo también”. “Estoy seguro que soy capaz de lograr esto”. “¡Quién dijo miedo!” en el momento de emo­ción nos lo decimos. Pero debemos re­visar las grietas.

Esas grietas son nuestros temores, inseguridades, paradigmas del pasado que no podemos superar. Esa voz in­terna que no cree en uno mismo. Esas grietas debemos repararlas. Trabajan­do en su ser interior. ¡Usted ni se ima­gina, usted ni tiene idea de lo que es ca­paz con su fuerza de voluntad!

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