MATALASCALLANDO: Manual del pedigüeño – El País

MATALASCALLANDO: Manual del pedigüeño

19 noviembre, 2019 | 4:10 am | Columnistas
MATALASCALLANDO: Manual del pedigüeño

“La mente lo es todo. En lo que piensas te conviertes”. Buda.

Ing. Carlos Mata
cmata777@hotmail.com 

¡Prepárese, alístese, que ya vie­ne la temporada! Esto va para am­bos bandos, al que pide con nece­dad y al que da con resignación. Esas prácticas (recuérdese con nostalgia, por favor) vienen des­de la época del kínder y escue­la, no digamos en la secundaria y universidad (para los que tuvie­ron esa suerte de ir). Allí se apren­dió el arte de recibir sin dar nada a cambio, algo así como una re­compensa tipo pre pago. Sin me­recerlo, el interfecto se ponía de­trás del buen estudiante para es­tirar el cuello hasta el umbral del tortícolis y agudizando la visión con mirada de autillo convirtién­dose en un maestro de la chepia y acordeones.

Así es como se han forjado es­tos seres que, donde pueden, dan el nucazo comenzando de manera subliminal quejándose de la situa­ción y maldiciendo al gobernan­te de turno que, por cierto, ni se da por enterado que ese ser ínfi­mo existe. Siguiendo con ese pro­tocolo de la entrada en bayoneta calada, o una barrida al pecho (co­mo aquel jugador de estas tierras, ¿lo recuerda?) para conseguir al­guna rebusca para “estas pascuas”.

Cualquier producto o sub producto de dudosa elaboración es bueno mencionar para la solici­tud con matices cordiales. Pa’ los frescos, pa’l pollito asado, pa’l es­treno, pa’ los cipotes, pa’ los “cue­tes”, pa’ los tamales, pa’l café, pa’ las torrejitas, etc.

Solo basta un poquito de crea­tividad, cara de “yonofuí”, algo de ceniza en la cabeza y una mirada estilo la estatua de San Antonio, la que está en la catedral. Lo im­portante es inspirar lástima y pa­ra eso no es necesario tanta prácti­ca ya que esa conducta es invetera­da desde hace décadas y décadas. El fin justifica los medios.

Esos métodos anteriores solo aplican para los conocidos (aun­que haya gente que se salte la tran­ca). Ya para los extraños, los nun­ca antes vistos, para esos descono­cidos con cierto nivel de alcurnia, pues acérquese timbre mediante o toquecitos con piedra en la puerta ofreciendo chapear la yarda, hacer mandados o solicitando trabajo, ¡vaya descaro!, si todo el año nun­ca trabajó, solo estar escuchando las tertulias de lo que sí trabajaron.

La cuestión es que esto lo re­suelve una sencilla aplicación ma­temática cultural y de cómo es­ta crisis de la avaricia es causa­da por los vagos y pedigüeños que, sin ser pobres, están ha­ciendo populares sus valores y sumergiendo a diestra y sinies­tra, a babor y estribor, en su cul­tura, haciendo que los jóvenes sean los que paguen, y empu­jando una construcción social que nuestros sabios bisabuelos acostumbrados al trabajo duro y a las familias unidas, habrían visto como un adefesio la de­cadencia de andar pegando sa­blazos.

Ahora, las medidas profi­lácticas para aquellos que no acostumbran esas feas maneras, aquí un par claves para prevenir esos ataques. Primero debe menta­lizarse que no se irá al infierno por no darle plata al audaz navegante de la parasitosis económica. Más bien puede hacer puntos con San Pedro para sellar visa y poder en­trar a la gloria eterna al no fomen­tar la holgazanería. Y segundo, pí­dale usted también a quien le pi­de, ¡no falla!

Por mientras, hága­se el chanchito, aho­rre para la escuela de sus niños (que no han de ser pocos) y no se mande gastan­do todo en esta Na­vidad y Año Nuevo.

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