Cuando acoger a menores salva pueblos moribundos en Rusia – El País

Cuando acoger a menores salva pueblos moribundos en Rusia

18 noviembre, 2019 | 1:10 am | Columnistas
Cuando acoger a menores salva pueblos moribundos en Rusia

por Marina KORENEVA 

En Brodi, una aldea del no­roeste ruso, 13 de los 36 alum­nos de la escuela han sido to­mados bajo tutela de los ha­bitantes, que intentan así salvar su pue­blo de la crisis económica y demográ­fica que afecta al país.

Esta localidad de 200 habitantes a 450 km de San Petersburgo, en la re­gión de Novgorod, no es una excep­ción, según un estudio en curso del Instituto de Sociología de la Acade­mia Rusa de Ciencias.

Esta “estrategia de supervivencia” ha sido adoptada por muchos pueblos en todo el territorio ruso, desde Smo­lensko al oeste hasta Sajá, en Siberia oriental, pasando por los Urales.

“Desde los años 1990, los pueblos se vacían por falta de trabajo. La gente se va con los niños, lo que conlleva el cie­rre de las escuelas. Solo quedan jubi­lados y así el pueblo va desaparecien­do”, explica a la AFP Vera Galindaba­yeva, la socióloga que inició el estudio.

En las regiones con desempleo en­démico, como las zonas rurales de No­vgorod, acoger a menores bajo tutela tiene además una ventaja material: una ayuda mensual de cerca de 6,000 ru­blos (85 euros, 93 dólares).

– 22,000 escuelas rurales cerradas –

Los vecinos de los pueblos, al or­ganizarse para hacerse cargo de me­nores hasta su mayoría de edad, en un proceso similar al de la adopción, con­siguen reducir los efectos inmediatos del éxodo rural.

El fenómeno es difícil de cuantificar pero, según Galindabayeva, se evitó el cierre de “cientos” de escuelas en el marco de estas políticas de “optimiza­ción” del mapa escolar del Estado ruso.

Rusia perdió más de cinco millo­nes de habitantes desde 1991, como consecuencia de una crisis demográ­fica que empeoró con la desaparición de la URSS.

Estos últimos años, una política de incentivos a la natalidad y lucha con­tra la mortalidad prematura, sobre to­do relacionada con el alcohol, ha co­sechado efectos positivos. Pero inclu­so así, la población rusa disminuyó de 68,000 personas en el primer semes­tre de 2019.

Como consecuencia de ello, 26,000 escuelas tuvieron que cerrar en dos dé­cadas, 22,000 de ellas en zonas rurales.

El distrito de Moshenskoy, donde se encuentra Brodi, pasó de 15 a tres centros escolares.

Situado a orillas de un pintoresco lago, el pueblo se distingue de la ma­yoría de aldeas fantasma de la zona por el jolgorio de los niños en las calles.

Si esta localidad es una excepción es porque el personal pedagógico to­mó la decisión pronto de acoger a es­tos menores.

“Si hay una escuela, el pueblo sigue viviendo”, explica a la AFP Guennadi Chistyakov, director del centro esco­lar, un edificio de madera bien conser­vado. “Por otra parte, el Estado apoya a la gente que toma a cargo los huér­fanos”.

La medida también beneficia a los menores que, de otra manera, estarían retenidos en centros estatales y, pro­bablemente en una “situación de deri­va emocional”, asegura Irina Kudrya­vtseva, responsable de educación en la administración local.

Muchas de estas criaturas fueron abandonadas por sus padres, a menu­do alcohólicos. La tutela y la vida en el pueblo es para estos niños una nueva oportunidad.

Desde 1998, Ekaterina Solovyova, profesora de historia de 52 años, ha acogido junto a su marido Victor, ins­tructor de deporte, a once niños. Mues­tra orgullosa su álbum de fotos: “El día de mi cumpleaños, la casa está reple­ta”, explica.

Hoy, los Solovyova tienen a su car­go a su hijo menor, Matvei, de 11 años, y a cuatro hijos adoptivos, de entre 7 y 17 años.

– Sin relevo –

“Soy yo quien me siento al lado de mamá”, grita Dania, el más pequeño de todos, cuando se sientan a comer. Ma­tvei sonríe y le deja el lugar.

La madre se niega a que digan que su casa sigue una “estrategia” para sal­var la escuela y los empleos: “Son to­dos mis niños (…) Es nuestra vida”.

Desde finales de los años 1990, este sistema ha permitido que Brodi sobre­viva. Pero ahora la estrategia toca a su fin, porque no hay maestros que quie­ran tomar el relevo.

“No hay jóvenes profesores en los pueblos. Las escuelas aguantarán has­ta la jubilación de los profesores actua­les”, pronostica la socióloga Vera Ga­lindabayeva.

El fondo del problema no ha cam­biado. “No hay trabajo, los jóvenes se van”, constata Guennadi Chistyakov.

La familia Solovyova no dirá lo con­trario: tres de sus hijos y siete de los que adoptaron, ya adultos, viven y tra­bajan lejos de Brodi.

 

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