La Paz trata de recuperar el pulso – El País

La Paz trata de recuperar el pulso

12 noviembre, 2019 | 2:10 am | Columnistas
La Paz trata de recuperar el pulso

por Raúl BURGOS 

La Paz, sede del poder político de Bolivia, despertó ayer desolada y con sus calles desguarnecidas. Una fina lluvia y densa niebla ponían marco a una ciudad que pa­recía paralizada, pero trataba de recuperar la vida.

Tras la renuncia del presidente Evo Morales el domingo pasado, luego de que los militares le die­ran la espalda ante una creciente rebelión popular desde los comicios del 20 de octubre, no había au­toridad. Los policías, acuartelados desde el viernes pasado, retornaron tímidamente a las calles hacia el mediodía del lunes.

“Cortamos la cabeza a la víbora (Morales), pe­ro el cuerpo se seguía moviendo”, explicó a los me­dios un policía amotinado que no se identificó. Con su retorno a patrullar las calles, el policía, enfun­dado en un pasamontañas y equipo de reglamen­to, anunció que la policía “detendrá a las cabezas de los disturbios”.

La pasada fue una noche agitada. Hubo saqueos y ataques a comercios en la ciudad vecina de El Al­to e incendios de buses municipales y casas de di­rigentes. “La Paz ha vivido una noche de terror. Los vándalos han destruido 64 buses (municipales) Pu­makatari”, dijo a la radio el alcalde de La Paz, Luis Revilla. El transporte público extremadamente dis­minuido. Las diez líneas del teleférico no funciona­ban, igual que el sistema municipal de buses porque muchos vehículos fueron quemados por una turba la noche del domingo pasado.

Temor de empleados públicos

“Parece un mal sueño, nadie sabe qué pasa, me dijeron que mi oficina está cerrada, estoy yendo a ver”, explicó Alicia, una mujer de unos treinta años y dos hijos, mientras esperaba algún vehículo para trasladarse desde la zona sur hacia el centro de la ciudad. Su hermano, empleado en una oficina esta­tal, “está preocupado, no sabe si seguirá allí, pero él no es político, trabaja por necesidad, tiene hijos” que estudian en colegios privados, sostuvo com­pungida.

La oficina del estatal Banco Unión, en la plaza Isabel la Católica, a cuatro cuadras de la residencia presidencial donde vivía Evo Morales, está cerrada. Lo mismo que un supermercado cercano.

La gente se agolpaba ante un cajero automático de un banco privado. “Todo sube, los precios (de los alimentos) se han triplicado”, pero no hay desabas­tecimiento en los mercados populares, comentó Es­peranza, economista de 56 años, mientras esperaba su turno para retirar dinero. Muchos comercios es­taban cerrados, los restaurantes también. Las ofici­nas centrales de la aerolínea estatal BoA estaban ce­rradas, pero los vuelos en el aeropuerto de El Alto, que sirve a la capital boliviana, operaban más o me­nos con normalidad, aunque algunas compañías ex­tranjeras los cancelaron.

En los alrededores de la Casa de Gobierno los ac­tivistas opositores seguían con sus barricadas, pe­ro, a diferencia de días anteriores, no había choques con sus adversarios. Había cansancio, pero la gente, mayormente jóvenes y muchas mujeres, seguían ahí.

“Hoy no iré a mi oficina, los trámites están parali­zados”, dijo un hombre que importa fármacos al re­portero de la AFP, antes de preguntarle: “¿qué sabes?, ¿qué va a pasar?”.

¿Quién sabe? Bolivia está sin autoridades, pero se es­pera que en las siguientes horas el Congreso le dé una solución a la crisis nombrando a un presidente provi­sional, que debe convocar a nuevas elecciones antes de 90 días.

Nada es igual en La Paz, una ciudad de casi 800,000 habitantes, sede de los poderes ejecutivo y legislativo, donde se está jugando el futuro de Bolivia.

 

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