Lo duro de saber soltar ¡para revalorarse! – El País

Lo duro de saber soltar ¡para revalorarse!

8 octubre, 2019 | 4:10 am | Columnistas
Lo duro de saber soltar ¡para revalorarse!

Enrique Zaldívar
2050 Comunicaciones 

En alguna de las columnas, he hecho mención a los apegos. ¡Cuán adictivos son! Tanto emocionales como aplicados al campo laboral. Sin duda, madurar en nuestra inteligencia emocional, aplicado a un mundo tan cambiante, es una tarea dura, pero una gran recompensa.

Recientemente escribí sobre las prioridades y lo fácil que se hace decidir cuando las prioridades están claras ¡Lo difícil es saberlas! Lo cual nos lleva a la pregunta, ¿Qué pasa si no lo soy? ¿Qué pasa si mi marca no es prioridad para nadie o simplemente no es aceptada?

¿Qué pasa cuando hemos cometido algún error y nuestro posicionamiento no es el que deseamos? La gente nos ubica en la mente, no de la manera que queremos, muchas veces por errores nuestros (madurez es aceptar responsabilidad). Esto representa uno de los más grandes desafíos que puedan existir a nivel de negocios, pues es más fácil construir una marca nueva que revivir una cuya percepción sea ya muy negativa o esté dañada.

Y es aquí donde viene el maravilloso arte de soltar. En todo momento debemos por salud mental “rechazar el sentirnos rechazados”, porque si hablamos de estadísticas, y de gustos, lo que para alguien no sirve, pueda que otra persona lo considere como un diamante puro.

El mejor parámetro que uno debe mantener es una buena cuota de dignidad. Si la conservamos, nos dará el suficiente aire para poder reinventarnos. Y lo podemos aplicar mucho a la vida personal o a las ventas. Siempre recito una frase de un libro del famoso predicador TD Jakes que dice: “Déjalo ir”

Y habla que uno de los dones más extraordinarios que deberíamos aprender es el de decir adiós. ¡No nos enseñan a decir adiós! No nos enseñan a soltar. TD Jakes recita: Si no te devuelve las llamadas, déjalo ir. Si no estás en su agenda, déjalo ir. Si diste todo y te devuelve nada, déjalo ir. Si te hirieron de manera profunda, déjalos ir. Si nunca te valoran, déjalos ir. Por que no están con nosotros y nunca lo estuvieron. No se creó el vínculo suficiente para que estén.

Marie Kondo, una gurú escritora del concepto de organización tanto en hogar y oficina, recomienda deshacerse primero que nada de todo aquello que ya no nos hace feliz en la casa. Si una camisa no me hace feliz, ya sea porque jamás me la pondré, hay que obsequiarla.

Y mucho de lo que enseñamos en los coachings de emprendimiento es eso. Debemos estar listos para soltar y para evolucionar. Pero nunca debemos entregar nuestro valor. Si una marca o un emprendimiento no fue valorado, antes de que se destruya su autoestima, deténgase. Y reinvéntese. Busque nuevos mercados, nuevos nichos, crear nuevos productos con las materias primas que ya tiene.

Lo importante es romper ese status quo que mantenemos, después de una desgastante insistencia (que no es lo mismo que persuadir). La insistencia ya es forzada. Y cuando uno siente que está forzando algo allí debe replantearse.

Los clientes no compran por tres simples razones: No puede en el momento. Desconoce el valor del producto o simplemente no quiere. ¡Con las personas pueda que sea así! Pueda que simplemente, no quieran. Reinventarnos, cerrando ciclos. Aprendiendo de los errores. Perdonando y soltando el pasado. Dejar de esperar cosas que sabemos que jamás sucederán es una gran medicina para el alma. La esperanza es un gran motor para lograr cosas, pero la falsa esperanza destruye nuestro ser.

El Rey Salomón lo dice en el libro de Proverbios. La promesa cumplida a tiempo es como árbol de vida para uno; la promesa diferida es amargura para los huesos. Madurez es saber perder. Aprender. Y reinventarse.

 

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