MATALASCALLANDO: Crónicas de la mentira juca – El País

MATALASCALLANDO: Crónicas de la mentira juca

21 septiembre, 2019 | 4:10 am | Columnistas
MATALASCALLANDO: Crónicas de la mentira juca

“¡Este arlequín empolvado (que se empolva él mismo) … es un autodidacta del make-up!” Jaime Bayly.

Ing. Carlos Mata
cmata777@hotmail.com 

Cuando se acostumbra a engañar a los ingenuos e ignorantes –cosa sen­cilla- y eso queda como impronta en el subconsciente, se cree que es fácil cuando se quiere hacer lo mismo con personas que han leído, que tienen mundo, criterio, cultura y que, además, con la experiencia han aprendido hasta a ser psicólogos, su­mado a la asesoría que eventualmen­te podrían tener. Más allá de sus afi­ciones y apetencias que han quedado ancladas en la fase anal del desarrollo psicomotor del señor Jaime Bayly, co­mo analista de la realidad latinoame­ricana con las ideas claras acerca del fracaso del comunismo, y sus nuevas modalidades para engañar a los pue­blos, es un ‘auscultador’ profesional y no se queda con las dudas… simple­mente ir a mentir allí a su estudio de televisión en Miami es un suicidio.

Siempre cantando una canción aquí para el público selecto, en don­de la premisa de que “hay que decir­les lo que quieran oír”, es un viejo tru­co de las usanzas populistas que vie­nen desde los siglos de los siglos. Esas mañas son atemporales y adimensio­nales, por lo tanto, hay que estar aten­tos y no dejarse ir por esas canciones, cual rockola del bar Las Camelias fue­ra. Si no fuera el caso, pues se canta la de que “¡hay que meterle fuego a Hon­duras!”, con tono de meretriz despe­chada. Esto para que lo oigan los otros y justificar el arreo borreguil de ma­sas que se autodestruyen y le hacen daño a sus pariguales.

Desviando las preguntas, usan­do falsos aforismos, sofismas, pleni­tud de contradicciones tal como lo es la personalidad del máster en ad­minis-distracción. La contradicción puede ser sumamente sutil o muy ob­via. Y cuando la división en la contra­dicción es muy grande, uno se vuel­ve desequilibrado o se da cuenta del conflicto y se dispone a remediarlo. Y esos desequilibrios (aparte) fueron indudablemente detectados.

¿Cómo se puede tener el valor y la desfachatez de ir a decir cosas al extranjero que pone aún más en mal predicado a Honduras? Abordar a personas con ese tipo de personali­dad es realmente sórdido, ya que son impasables e imposibles. No usan la razón, más bien la pasión como la de una quinceañera donde el alegar tra­tando de ridiculizar con historias de ultratumba y justificar así más bien una contienda vulgar.

Al final se fue por lana y se regre­só bien trasquilado. No hay mal que dure cien años, ya que dos días des­pués de esa camándula de argumen­tos ñurderechos, que no son ni chi­cha ni limonada, ni de aquí ni de allá, claroscuros, arrevesados, pueriles, infantiles, con alta dosis de resen­timiento y saña, fue advertido que si regresa le otorgaría una tremen­da reprimenda. Pero no contaba con las patas cortas con las que se pre­sentó, cual lobo vestido de inocente ovejita. Así le advirtió: “La próxima vez que venga aquí a echarse polvi­tos con su espejito acá en mi progra­ma, ¡le voy a dar un revolcón que no se va a olvidar de mí!”

Ojo con ese tipo de gente que aquí abunda, ya es hora de buscar y encontrar ideas y no solo porque gritan más fuerte o son temerarios de decir cosas que los hace ver –como si fuera cierto- que son los me­sías de estos tiempos.

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