Migración sana – El País

Migración sana

19 septiembre, 2019 | 5:10 am | Editorial
Migración sana

Todos los seres humanos estamos amparados por el derecho de migrar. Si bien no hay un instru­mento jurídico exhaustivo a ni­vel internacional que establezca el marco de gobernanza de la migración, sí hay una serie de normas jurídicas que restringen, regulan y canalizan la autoridad del Esta­do en el ámbito de la migración. Estas nor­mas —que emanan de las relaciones, nego­ciaciones y prácticas entre Estados— están consignadas en instrumentos de carácter no vinculante y en tratados multilaterales y bi­laterales, o han pasado a formar parte del derecho internacional consuetudinario. Es­tas normas constituyen el marco para una gobernanza conjunta de la migración y re­flejan primordialmente los intereses de los Estados, de sus nacionales y las relaciones interestatales.

Millones de personas están en movi­miento permanente. Los responsables y los líderes políticos mundiales afrontan el com­plejo desafío de garantizar que la migración se produce de manera justa, mutuamente beneficiosa y respetando los derechos hu­manos. No faltan leyes y políticas de migra­ción. Algunas medidas reconocen la contri­bución positiva de los migrantes y de la mi­gración al bienestar económico, la prospe­ridad nacional y el desarrollo. Sin embargo, otras medidas representan una reacción a la migración y a los migrantes como un fenó­meno amenazador. Estas medidas pueden tener consecuencias negativas, entre ellas la vulneración de los derechos humanos de los migrantes y sus familiares.

La migración de América Latina y el Caribe es un fenómeno complejo que tie­ne sus orígenes en la propia conformación de la región. Ha estado influenciada por las profundas raíces históricas y por los con­flictos sociales, políticos y económicos na­cionales. Existen datos que, específicamen­te del Banco Mundial, muestran que el flu­jo migratorio ha crecido constantemente en los últimos cincuenta años, y la expectati­va es que, independientemente de las ba­rreras y políticas proteccionistas, el fenó­meno se siga reproduciendo. América del Norte, en específico Estados Unidos, es el principal polo de atracción de la población latinoamericana, y en la mayoría de los ca­sos los inmigrantes son indocumentados. El flujo migratorio de población de Amé­rica Latina y el Caribe hacia Estados Uni­dos es mayor que la propia migración in­trarregional y hacia otra parte del mundo. Situación que refleja por un lado la fuer­te tradición migratoria de la población la­tinoamericana, y por otro, que, dadas las características socioeconómicas del mi­grante, la búsqueda de una mejor calidad de vida que lo obliga a emigrar hacia Es­tados Unidos.

Hemos tenido en las últimas sema­nas la presentación de oportunidades pa­ra migrar a otros países con oportunida­des ciertas de trabajo, estableciendo un orden y una dinámica enmarcada en los aspectos legales debidos de los países re­ceptores de los trabajadores que desean ir a hacerse de un chance de prosperidad, tomando en cuenta que el principal requi­sito es, aparte de los aspectos legales, que se trate de mano de obra capacitada.

Hoy nuestra población deberá ir vien­do y entendiendo que es necesario espe­cializarse en idiomas, artes y oficios para poder ser recibidos en otras latitudes del mundo y no solo en Estados Unidos. Hoy que se ventila tanto la presión diplomáti­ca y coercitiva contra la migración indo­cumentada es necesario poner en ejerci­cio esta idea para mejorar la calidad de vi­da de nuestros connacionales, migrantes o no, para poder ver claramente la opor­tunidad que se presenta.

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