Europa, incitada a cerrar su mercado de marfil para proteger a los elefantes – El País

Europa, incitada a cerrar su mercado de marfil para proteger a los elefantes

22 agosto, 2019 | 2:10 am | Columnistas
Europa, incitada a cerrar su mercado de marfil para proteger a los elefantes

por Laure FILLON

¿Debería la Unión Europea cerrar su mercado in­terior de marfil para salvar a los elefantes, como ya hicieron China y Estados Unidos? Varias oenegés y Francia así lo defienden, pero la conferencia in­ternacional sobre comercio de especies salvajes no tomó ninguna decisión este miércoles en Ginebra.

La población de elefantes pasó de varios millones a principios del siglo XX a unos 400,000 en 2015 en el continente africano, diezmada por la caza furtiva.

En ese continente, “el 60% de las muertes de ele­fantes constatadas se debieron” a esa lacra, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

Para proteger al mayor mamífero terrestre, des­de 1989 el comercio internacional de marfil está pro­hibido, salvo en raras excepciones.

Estados Unidos cerró en 2016 su mercado interior de marfil, excepto en algunos casos, y China hizo lo propio en 2017. Pero en el mundo siguen existiendo regiones donde la venta de marfil sigue permitién­dose, como Japón y la Unión Europea.

La cuestión estuvo sobre la mesa este miércoles en una conferencia de la ONU sobre especies en pe­ligro, que se celebra en Ginebra hasta el 28 de agos­to. La Convención sobre el Comercio Internacio­nal de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Sil­vestres (CITES) establece las normas del comercio internacional de más de 35,000 especies de fauna y flora salvajes.

Nueve países -Burkina Faso, Costa de Marfil, Etiopía, Gabón, Kenia, Liberia, Níger, Nigeria y Si­ria- instaron a la CITES a “pedir con carácter urgente el cierre de todos los mercados interiores de marfil”.

“El mantenimiento de un mercado de marfil crea oportunidades de blanqueo de marfil adquirido ile­galmente, plantea problemas de seguimiento y de aplicación […] y compromete las prohibiciones en otros países al aportar una salida alternativa a pro­veedores y traficantes”, advirtieron esos países.

Su argumento fue oído a medias. Por consenso, se decidió que los países que no cerraron sus mer­cados interiores deberán informar a la CITES sobre las medidas tomadas para garantizar que no contri­buyen a la caza furtiva ni al tráfico ilegal de marfil.

“Es un progreso evidente”, declaró Sarah Morris­son, de la ONG Avaaz, a la AFP. Pero “no va sufi­cientemente lejos. Instamos al cierre urgente de to­dos los mercados interiores de marfil, incluidos en la UE y Japón”, que cuenta con el mayor mercado mundial, agregó.

Según Morrisson, Israel y Australia se compro­metieron a cerrar sus respectivos mercados.

La ONG IFAW también presión a Japón y a la UE a cerrar sus mercados, advirtiendo de que mientras estos existan “se entorpecerán los esfuerzos para poner fin a la crisis de la caza furtiva y detener a las organizaciones criminales que trafican con marfil”.

– BLANQUEO –

Desde 2017, está prohibido reexportar marfil en bruto con fines comerciales desde la Unión Europea.

En teoría, en la UE solo se puede comerciar libre­mente con objetos que daten de antes de 1947. Entre esa fecha y 1990, los objetos trabajados requieren un certificado. Pero en 2018, un estudio realizado por Avaaz y la Universidad de Oxford sobre unos obje­tos de marfil, reveló que una quinta parte procedía de elefantes abatidos después de la prohibición mun­dial del comercio de marfil (1989).

Hay “marfil ilegal [de después de 1947] que se blanquea explotando fallas en la legislación europea, que no requiere de ninguna prueba de autenticidad o de origen para el marfil vendido como ‘antiguo’”, denunció una coalición de 17 oenegés, que lanzaron una campaña (https://davidshepherd.org/ivorymar­kets) para presionar a la UE y a Japón.

Francia, Bélgica, Reino Unido y Holanda adop­taron o prevén aprobar legislaciones más estrictas.

No obstante, en Francia no es difícil encontrar en internet esculturas y otros utensilios de marfil, sin ninguna garantía sobre su antigüedad ni su proce­dencia.

 

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