Pongámonos de acuerdo – El País

Pongámonos de acuerdo

20 agosto, 2019 | 5:10 am | Editorial
Pongámonos de acuerdo

Dándole sentido a la convi­vencia urgente, es menester encontrar las cosas que nos unen como hondureños para que ello sirva para levantar al país de es­ta postración que aparenta ser eterna, co­sa que no es cierta ya que tenemos el po­tencial para convertirnos en el lugar pro­picio para la paz, la libertad, las inversio­nes y los proyectos para el bien común.

Como en toda sociedad, tenemos luces y sombras y a partir de ello de­bemos buscar la raíz, identificar plena­mente y con responsabilidad las cau­sas de los males para comenzar a erra­dicarlos y que no sean personas ajenas a nuestra cultura quien venga a decir­nos qué es lo que debemos hacer, aun­que se agradece la buena intención. Ya es hora que nos responsabilicemos por Honduras, ya que no se puede seguir perdiendo el tiempo en discusiones ca­prichosas y estériles. Una democracia, más que un régimen de acuerdos, es un sistema para convivir en condiciones de profundo y persistente desacuer­do. Ahora bien, en asuntos que defi­nen nuestro contrato social o en cir­cunstancias especialmente graves los acuerdos son muy importantes y vale la pena invertir en ellos nuestros me­jores esfuerzos. Los desacuerdos son más conservadores que los acuerdos; cuanto más polarizada está una socie­dad menos capaz es de transformarse. Ser fiel a los propios principios es una conducta admirable, pero defenderlos sin flexibilidad es condenarse al estan­camiento.

La política democrática no puede producir cambios en la realidad social sin algún tipo de cesión mutua, de ce­der, de dejar al otro a participar en los espacios que existen para poder ganar lugares en donde sea plena la vida y la libertad.

Desde hace décadas los políticos han venido dándonos eslóganes de con­tacto directo, revolución de honesti­dad, saldremos adelante, concertación, y cosas afines, pero ello ha quedado en la historia de la demagogia. Ya es ho­ra de arremangarnos la camisa y poner manos a la obra, dejar los truculentos arreglos políticos de cafetín y entrar de nuevos a las escuelas, a las fábricas, don­de se forjan las ideas, a la academia, pa­ra poner al derecho lo que se considere.

Hace mucho tiempo ha llegado la hora de decidir acerca de nuestro com­portamiento como hondureños bien na­cidos, actuando con propósito, no con capricho. Se debe deponer la actitud ne­gativa, reemplazarla por la proactiva. Por ello no queremos confundirnos con cifras y estudios, no. Es preciso que esa convivencia sana comience, que arran­que desde ya. La dificultad radica en di­bujar las nuevas formas de convivencia. Sabemos que las necesitamos, pero pa­recemos abocados irremediablemente al conflicto. Tenemos abierta discusión entre los que reivindican no menospre­ciar los tiempos pasados frente a quie­nes creen que hay que abordar una total transformación del sistema. En el debate subyace una intensa disputa sobre cuál debe ser la dirección del proceso rege­nerador y sobre quiénes deben dirigir­la. Por ello vemos que se hacen aparen­tes convergencias, pero siempre está la zancadilla de la negociación para cobrar esa gesta “más adelante” con algún pun­to de inflexión en la toma de una deci­sión trascendental, más específicamen­te en el campo de la corrupción que es el mal que nos tiene postrados. Es por eso que hacemos esta recomendación, salir ya, de una vez por todas y comba­tir el subdesarrollo. De ahí en adelante, poniéndonos de acuerdo, las cosas irre­mediablemente mejorarán.

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