Cincuenta años después, los hippies vuelven a Woodstock – El País

Cincuenta años después, los hippies vuelven a Woodstock

17 agosto, 2019 | 1:10 am | Columnistas
Cincuenta años después, los hippies vuelven a Woodstock

por Maggy DONALDSON

Hace exactamente 50 años, Les Poinelli se dirigía en autostop al festival de Woods­tock, del que había escuchado ha­blar en la radio y donde conocería a la mujer de su vida.

Este fin de semana decidió regre­sar a Bethel, el pequeño pueblo rural al noroeste de Nueva York que mar­có tanto su existencia, como cientos de hippies viejos que visten camise­tas desteñidas, coronas de flores y chaquetas con flecos de cuero, em­blemáticas de la era del “Peace and Love”.

“No podías no sentirte embarga­do por la multitud, por la generosidad de las personas”, recuerda Poinelli, que tenía entonces 19 años, desde el mítico escenario donde actuaron le­yendas del rock como Jimi Hendrix, Janis Joplin y Santana frente a casi medio millón de personas.

Este hombre recuerda que des­pués de pasar todo el festival con su nueva novia, Gail, se fueron detrás del escenario, donde Joe Cocker aca­baba de empezar a tocar, para des­pedirse.

“Le di un beso en la mejilla, y esa fue nuestra única aventura sexual del fin de semana”, cuenta sonrien­do, mientras muestra, enmarcados, los tickets del festival.

Dos años después de haber bai­lado juntos al ritmo de bandas co­mo Creedence Clearwater Revival y Canned Heat, Gail y Les contraje­ron matrimonio. Tuvieron cinco hi­jos y 12 nietos.

BESAR A JANIS JOPLIN

Un evento de culto para toda una generación, Woodstock vio llegar en­tre el 15 y el 18 de agosto de 1969 a cer­ca de 500,000 personas a los campos de alfalfa de la pintoresca región de Catskills.

Las torrenciales lluvias no impi­dieron que celebraran, consumieran drogas e hicieran el amor en medio de una inusual atmósfera de libertad y anarquía.

Pese al barro, la escasez de ali­mentos o el uso de sustancias, el fes­tival se convirtió en un símbolo de es­peranza que cerró una década mar­cada por asesinatos y disturbios, en el contexto de la guerra de Vietnam.

El lugar es ahora gestionado por la asociación Bethel Woods Center for the Arts, que organiza con frecuen­cia conciertos y maneja un museo en memoria del festival.

Las celebraciones por el 50 ani­versario comenzaron el jueves por la noche con la actuación del músi­co folk Arlo Guthrie, hijo de Woody Guthrie, quien había actuado en 1969 con solo 22 años. Este viernes y el fin de semana se espera ver sobre el es­cenario a Ringo Starr, Santana y John Fogerty de los Creedence Clearwa­ter Revival.

RJ Pinto peregrina en su moto casi todos los años a Bethel para volver a percibir la atmósfera de hace 50 años.

“La paz, la música y el amor real­mente están ahí”, afirma emociona­do. “Fue un fenómeno mundial”.

Pinto afirma haber visto de todo en el caos generalizado que dominó el masivo encuentro. Pero lo que más recuerda es el beso que le dio a Ja­nis Joplin.

“Ella me tocó en lo más profun­do”, dice, sentado en su moto. “Janis era una chica increíble… nos queda­mos cerca de ella hasta que pude aga­rrarle la mano y besarla en la mejilla”.

“DE WOODSTOCK  PARA LA ETERNIDAD”

Algunos vinieron de muy lejos pa­ra encontrar el legendario espíritu de Woodstock, como Patrick Depauw, quien viajó desde Bélgica especial­mente para la ocasión.

En 1969 tenía solo 10 años, pero vio la película ganadora del Óscar de 1970 que mostraría el festival co­mo el momento culminante de la era hippie.

“Toda mi vida ha estado impreg­nada de este evento”, dice este hom­bre de 60 años. “Solo tenía una idea en mente: hacer realidad mi sueño y venir al 50 aniversario de Woodstock en el lugar original del festival”.

El espíritu de Woodstock vuelve hoy, según él, porque “los eventos, tanto en el continente americano co­mo en Europa, son preocupantes (…) Al mundo le falta cada vez más so­lidaridad y este tipo de movimiento (promueve) la solidaridad”.

Antes de volver a Woodstock el jueves, Les Poinelli visitó, como lo hace casi a diario, la tumba de su es­posa, fallecida en 2016.

“De Woodstock a la eternidad”, cuenta que hizo grabar en su lápida.

Mirando hacia las montañas que rodean Bethel, agrega: “Aquí es don­de comenzó la vida”.

 

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