Para volver a la Luna en 2024, es urgente saber primero qué ponerse – El País

Para volver a la Luna en 2024, es urgente saber primero qué ponerse

20 julio, 2019 | 4:10 am | Columnistas
Para volver a la Luna en 2024, es urgente saber primero qué ponerse

por Leila MACOR

El ingeniero espacial argentino Pablo de León, que está dise­ñando para la Nasa dos prototi­pos de trajes espaciales para la Luna y Marte, cree que es “bastante opti­mista” pensar en volver al satélite en 2024. Para comenzar, los astronautas aún no tie­nen qué ponerse. El presidente estadouni­dense, Donald Trump, ordenó regresar a la Luna en 2024.

Sin embargo, “la Nasa no tiene un tra­je todavía pensado para esto porque esta decisión de ir a la Luna en 2024 es algo que apareció por generación espontánea”, dijo De León a la AFP cuando visitaba el Cen­tro Espacial Kennedy de Cabo Cañaveral, en el oeste de Florida.

“Por un lado tenés un mandato de lle­gar a la Luna en 2024 y por otro ni siquie­ra tenés trajes espaciales desde 1977”, pro­siguió.

Ciertamente, los trajes que usan los es­tadounidenses a bordo de la Estación Es­pacial Internacional (ISS), y que sirven pa­ra hacer “salidas extravehiculares” en el espacio, fueron diseñados en los años 1970 y hoy día solo queda un puñado de ellos aún operativos.

El ingeniero argentino, que lleva 30 años trabajando en trajes espaciales, dirige el laboratorio de Vuelos Espaciales Huma­nos de la Universidad de Dakota del Nor­te, con financiamiento de la agencia espa­cial estadounidense.

Allí desarrolla el traje NDX-1 para Mar­te, el NDX-2 para la Luna, y un hábitat in­flable que utiliza la misma tecnología tex­til de los trajes espaciales con miras a es­tablecer una base en el planeta rojo en los años 2030.

Hace 50 años, cuando las misiones Apo­lo conquistaron la Luna, el presupuesto de la Nasa ajustado a la inflación “era 10 veces el presupuesto de la Nasa de ahora”, expli­có el experto aeroespacial.

Comparativamente, añadió, el presu­puesto actual de 21,000 millones de dóla­res “no es suficiente para un proyecto de esta magnitud y con esa fecha de realiza­ción”. “Pensar que se puede hacer con eso [un viaje a la Luna] es bastante optimis­ta”, prosiguió.

– Un traje que es una nave espacial –

Un traje “es una máquina que tiene la complejidad de una nave espacial, por­que tiene que proveer a los astronautas del mismo ambiente, temperatura, pre­sión, humedad, protección de radiacio­nes, comunicaciones y energía que tiene una nave espacial, pero todo eso en una prenda de vestir”, dijo De León.

Los trajes que se usan en la ISS no sir­ven para la Luna ni para Marte, porque una cosa es una actividad extravehicular en el espacio, y otra muy distinta es dar un pa­seo por la superficie de un planeta o una luna.

“Con el traje espacial para Gravedad Cero que se usa en la ISS, vos no estás ca­minando en ningún lado, porque flotás. Entonces los trajes son prácticamente in­móviles de la cintura para abajo”, dijo De León. En otras palabras, “en el espacio, las piernas no sirven para nada”.

Pero un traje espacial para una super­ficie planetaria, por muy tenue que sea su gravedad, tiene que proveer al astronau­ta una flexibilidad de movimientos que le permita desplazarse, trabajar y recoger muestras.

Otro desafío es “el problema del polvo” en la Luna, un asunto que los pioneros des­conocían cuando enviaron a los astronau­tas hace 50 años. “Esos trajes se habrían he­cho flecos en tres días”, dijo De León. Pero las misiones duraron menos y no ocurrió ningún desastre.

En la Tierra, la erosión “se ha encarga­do a lo largo de millones y millones de años de redondear las piedras, la arena, el polvo”, dijo. Sin embargo, como en la Luna no hay erosión, “las piedritas, aunque sean partícu­las muy pequeñas, son altamente cortantes. Cortan la tela como una sierra”.

Estas partículas “hicieron un daño im­presionante” en las telas de los trajes de las misiones de Apolo y se incrustaron en sus cierres. “Con dos o tres cerradas más de cie­rre, se habrían desarmado en medio de la caminata espacial”, dijo el ingeniero.

Marte plantea otro desafío: tiene perclo­ratos, un elemento tóxico para el ser hu­mano.

“Hay que aislar todo lo que ha estado en contacto con el exterior en el momento en que los astronautas se saquen el traje”, ex­plicó De León.

Cada traje está hecho de cerca de 350 materiales diferentes y casi 20 capas de tela.

Los científicos seguirán explorando dis­tintos materiales hasta que se decrete un “design freeze” o congelamiento de dise­ño. Entonces transferirán la tecnología al contratista que producirá los trajes luego de una licitación de la Nasa.

 

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